/ lunes 2 de mayo de 2022

El discurso de odio 

En el diccionario de la RAE, la palabra odio se define como “Antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea”. Y al querer definir el odio hacia la Cuarta Transformación, sin duda tenemos que referirnos a su máximo exponente.

El odio hacia Andrés Manuel López Obrador podemos rastrearlo principalmente —y me refiero a lo que está documentado y se puede ubicar de manera fácil— hasta poco más de 20 años atrás, encontrando material que ya le denostaba cuando reclamó por el fraude que le arrebató la gubernatura del estado de Tabasco; continuando con las enormes y onerosas campañas mediáticas en 2006, tanto cuando fue candidato a la presidencia —para asustar al electorado— como cuando reclamó el robo de la elección —el plantón del Zócalo—; y finalmente todas las operaciones mediáticas orquestadas principalmente desde la oposición, a partir de que asumió la presidencia.

Al analizar la infinidad de maneras que han atacado a AMLO y a sus seguidores, al final siempre podemos ver como las reducen a insultos por falta de razones. Por ejemplo, para explicar la popularidad del Presidente, dicen que está apoyado por 30 millones de indios, nacos, tontos, ignorantes y fanáticos. Esto demuestra el racismo y clasismo de sus opositores, y que conste, que no sólo me estoy refiriendo a partidos políticos, apelan a los insultos personales porque no pueden defenderse con la lógica y la razón.

Además de los descalificativos a los seguidores de este movimiento, han utilizado afirmaciones vagas, sin bases, ni forma de comprobación como el “nos va a convertir en Venezuela” y el clásico “un peligro para México”; verdaderos insultos a la inteligencia que fustigaron no sólo a los seguidores del ahora Presidente, sino también a quienes, aún no coincidiendo con AMLO, pedían elevar el nivel del discurso.

Se trata de toda una estrategia basada en estereotipos, prejuicios y desinformación, que hizo crecer un odio irracional que usan para deslegitimar todo lo que venga del gobierno federal.

Y traigo todo esto a colación porque quienes votaron en contra de la Reforma Energética hoy se dicen perseguidos ante el reclamo público de sus hechos que, dicho sea de paso, también son públicos, queriendo reducir el tema a que se trata de un ataque a quienes piensan distinto. Es una ironía que se victimicen ahora del mismo tipo de ataques que usan en contra de quienes apoyamos a la 4T y a AMLO.

Estos funcionarios públicos acusan que la gente les reclama sus decisiones entreguistas, piden les dejen en paz a quienes les señalan públicamente su traición a la patria. Se nota que no se esperaban esta masiva reacción donde la gente les revira sus defensas aclarándoles que disentir se convierte en traición cuando se daña a la Nación.

Han sido tantos años de agravios sin recibir reclamos que quizás apostaron al enojo fugaz y al fácil olvido, pero la ciudadanía no olvidó y pasó esta vez factura.

La gente no es tonta, tiene memoria y ya demostró no estar dispuesta a aguantar abusos como antes, y esto se verá reflejado en las urnas en las próximas elecciones a gobernador que se celebrarán en unas semanas en seis estados. La ciudadanía tendrá más altura y responderá de forma pacífica, cívica, democrática y electoral.

Como dice el Presidente: Tonto es aquel que piensa que el pueblo es tonto.

(*) Delegado estatal de Programas del Bienestar

Facebook:

@ManuelHuertaLG

Twitter:

@ManuelHuertaLdG

Instagram:

manuelhuertalg

En el diccionario de la RAE, la palabra odio se define como “Antipatía y aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea”. Y al querer definir el odio hacia la Cuarta Transformación, sin duda tenemos que referirnos a su máximo exponente.

El odio hacia Andrés Manuel López Obrador podemos rastrearlo principalmente —y me refiero a lo que está documentado y se puede ubicar de manera fácil— hasta poco más de 20 años atrás, encontrando material que ya le denostaba cuando reclamó por el fraude que le arrebató la gubernatura del estado de Tabasco; continuando con las enormes y onerosas campañas mediáticas en 2006, tanto cuando fue candidato a la presidencia —para asustar al electorado— como cuando reclamó el robo de la elección —el plantón del Zócalo—; y finalmente todas las operaciones mediáticas orquestadas principalmente desde la oposición, a partir de que asumió la presidencia.

Al analizar la infinidad de maneras que han atacado a AMLO y a sus seguidores, al final siempre podemos ver como las reducen a insultos por falta de razones. Por ejemplo, para explicar la popularidad del Presidente, dicen que está apoyado por 30 millones de indios, nacos, tontos, ignorantes y fanáticos. Esto demuestra el racismo y clasismo de sus opositores, y que conste, que no sólo me estoy refiriendo a partidos políticos, apelan a los insultos personales porque no pueden defenderse con la lógica y la razón.

Además de los descalificativos a los seguidores de este movimiento, han utilizado afirmaciones vagas, sin bases, ni forma de comprobación como el “nos va a convertir en Venezuela” y el clásico “un peligro para México”; verdaderos insultos a la inteligencia que fustigaron no sólo a los seguidores del ahora Presidente, sino también a quienes, aún no coincidiendo con AMLO, pedían elevar el nivel del discurso.

Se trata de toda una estrategia basada en estereotipos, prejuicios y desinformación, que hizo crecer un odio irracional que usan para deslegitimar todo lo que venga del gobierno federal.

Y traigo todo esto a colación porque quienes votaron en contra de la Reforma Energética hoy se dicen perseguidos ante el reclamo público de sus hechos que, dicho sea de paso, también son públicos, queriendo reducir el tema a que se trata de un ataque a quienes piensan distinto. Es una ironía que se victimicen ahora del mismo tipo de ataques que usan en contra de quienes apoyamos a la 4T y a AMLO.

Estos funcionarios públicos acusan que la gente les reclama sus decisiones entreguistas, piden les dejen en paz a quienes les señalan públicamente su traición a la patria. Se nota que no se esperaban esta masiva reacción donde la gente les revira sus defensas aclarándoles que disentir se convierte en traición cuando se daña a la Nación.

Han sido tantos años de agravios sin recibir reclamos que quizás apostaron al enojo fugaz y al fácil olvido, pero la ciudadanía no olvidó y pasó esta vez factura.

La gente no es tonta, tiene memoria y ya demostró no estar dispuesta a aguantar abusos como antes, y esto se verá reflejado en las urnas en las próximas elecciones a gobernador que se celebrarán en unas semanas en seis estados. La ciudadanía tendrá más altura y responderá de forma pacífica, cívica, democrática y electoral.

Como dice el Presidente: Tonto es aquel que piensa que el pueblo es tonto.

(*) Delegado estatal de Programas del Bienestar

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