/ lunes 31 de agosto de 2020

El ‘Pelotón de la muerte’

La peor masacre que se registró en Veracruz durante las administraciones del exgobernador Javier Duarte y del expresidente Felipe Calderón fue la de los 35 cadáveres arrojados sobre el bulevar “Adolfo Ruiz Cortines” de Boca del Río en septiembre de 2011, un día antes de que se celebrara ahí la reunión de la Conferencia Nacional de Procuradores de Justicia.

Este caso sorprendió a los funcionarios duartistas que no alcanzaban a comprender cómo fue que los criminales, a bordo de dos camionetas repletas de cadáveres, atravesaron el puerto de Veracruz y lograron burlar a plena luz del día el cerco militar que resguardaba el hotel y el salón de convenciones donde se realizaría el encuentro de la titular de la PGR, Marisela Morales, y los 32 procuradores estatales del país.

Aunque nunca se atrevieron a decirlo públicamente, algunos colaboradores de Duarte de Ochoa no tenían la menor duda de que los ejecutores contaron con la complicidad de los mandos militares. Inclusive les llamó la atención que la mayoría de los cadáveres, aparte de presentar el tiro de gracia, estaban maniatados con cintillos de plástico que regularmente usaban los elementos de la Marina.

Este caso viene a colación porque el pasado viernes el columnista del diario La Jornada, Julio Hernández, retomó el caso de Alejandro Rodas Cobón, un mayor de infantería del Ejército Mexicano que el próximo 13 de septiembre cumplirá 11 años de estar preso en la sección de procesados de la prisión militar 5, en Mazatlán, Sinaloa.

El autor de la columna “Astillero” precisa que Rodas y 219 militares más formaban parte de la tercera Compañía de Infantería No Encuadrada (CINE), conocida como el Pelotón de la Muerte, “que –según afirma el mayor– se encargaba de secuestrar, torturar o asesinar a personas que fuesen señaladas como probables partícipes de actividades de narcotráfico o crimen organizado.”

En un escrito que la defensa de Rodas le entregó al reportero Óscar Balderas, del portal Emeequis, el militar, que aún no ha sido sentenciado, aseguró que “el propio secretario Guillermo Galván Galván reunía a los mandos de regiones y zonas militares y giraba instrucciones precisas: hay que abatir a los miembros del narcotráfico (https://bit.ly/3b2ArZj).”

Según dicho escrito, el mayor expuso que “siempre se nos hizo hincapié en que esto tenía el visto bueno del presidente. Él encabezaba la cadena de mando. Fue una política perversa. A Felipe Calderón no le importó el sacrificio de vidas con tal de conservar el poder. Para mí, ha sido el más nefasto de todos los mandos supremos que yo recuerde.”

El columnista de La Jornada refiere que sobre este Pelotón hay relevantes investigaciones periodísticas, como “Cadena de mando”, un reportaje realizado con el apoyo de la Beca Mike O’Connor, del International Center for Journalists (ICFJ) y de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación en las Américas (https://bit.ly/3gCcF7s), además del libro “La tropa; por qué mata un soldado”, de Daniela Rea y Pablo Ferri.

La peor masacre que se registró en Veracruz durante las administraciones del exgobernador Javier Duarte y del expresidente Felipe Calderón fue la de los 35 cadáveres arrojados sobre el bulevar “Adolfo Ruiz Cortines” de Boca del Río en septiembre de 2011, un día antes de que se celebrara ahí la reunión de la Conferencia Nacional de Procuradores de Justicia.

Este caso sorprendió a los funcionarios duartistas que no alcanzaban a comprender cómo fue que los criminales, a bordo de dos camionetas repletas de cadáveres, atravesaron el puerto de Veracruz y lograron burlar a plena luz del día el cerco militar que resguardaba el hotel y el salón de convenciones donde se realizaría el encuentro de la titular de la PGR, Marisela Morales, y los 32 procuradores estatales del país.

Aunque nunca se atrevieron a decirlo públicamente, algunos colaboradores de Duarte de Ochoa no tenían la menor duda de que los ejecutores contaron con la complicidad de los mandos militares. Inclusive les llamó la atención que la mayoría de los cadáveres, aparte de presentar el tiro de gracia, estaban maniatados con cintillos de plástico que regularmente usaban los elementos de la Marina.

Este caso viene a colación porque el pasado viernes el columnista del diario La Jornada, Julio Hernández, retomó el caso de Alejandro Rodas Cobón, un mayor de infantería del Ejército Mexicano que el próximo 13 de septiembre cumplirá 11 años de estar preso en la sección de procesados de la prisión militar 5, en Mazatlán, Sinaloa.

El autor de la columna “Astillero” precisa que Rodas y 219 militares más formaban parte de la tercera Compañía de Infantería No Encuadrada (CINE), conocida como el Pelotón de la Muerte, “que –según afirma el mayor– se encargaba de secuestrar, torturar o asesinar a personas que fuesen señaladas como probables partícipes de actividades de narcotráfico o crimen organizado.”

En un escrito que la defensa de Rodas le entregó al reportero Óscar Balderas, del portal Emeequis, el militar, que aún no ha sido sentenciado, aseguró que “el propio secretario Guillermo Galván Galván reunía a los mandos de regiones y zonas militares y giraba instrucciones precisas: hay que abatir a los miembros del narcotráfico (https://bit.ly/3b2ArZj).”

Según dicho escrito, el mayor expuso que “siempre se nos hizo hincapié en que esto tenía el visto bueno del presidente. Él encabezaba la cadena de mando. Fue una política perversa. A Felipe Calderón no le importó el sacrificio de vidas con tal de conservar el poder. Para mí, ha sido el más nefasto de todos los mandos supremos que yo recuerde.”

El columnista de La Jornada refiere que sobre este Pelotón hay relevantes investigaciones periodísticas, como “Cadena de mando”, un reportaje realizado con el apoyo de la Beca Mike O’Connor, del International Center for Journalists (ICFJ) y de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación en las Américas (https://bit.ly/3gCcF7s), además del libro “La tropa; por qué mata un soldado”, de Daniela Rea y Pablo Ferri.