/ lunes 14 de septiembre de 2020

Que el Internet enseña más

Un chico universitario dice. "He aprendido más en Internet y en las plataformas digitales que en el salón de clases".

Incluso, está contento porque dice que se ha convertido en su propio maestro y selecciona los textos a leer y estudiar y releer y volver a estudiar basado, incluso, en los programas de educación superior de colegios públicos y privados extranjeros.

Claro, reconoce, el Internet ningún papel académico otorga, pero, bueno, cursa un semestre más en la universidad, pero enriquece y multiplica su conocimiento en las plataformas.

El chico navega en Internet y elige los programas de estudio y los escudriña con microscopio y deriva en un mapeo ideal y soñado. Y aun cuando al mismo tiempo cumple con la tarea escolar se impuso otra mirada.

De algún modo es como si cursara dos carreras al mismo tiempo como alumno presencial, en línea o híbrido como ahora se estila con el coronavirus.

El resultado es favorable para la universidad y el Internet.

Incluso está consciente de que en Internet hay mucha, demasiada, basura informativa y académica.

Dice, por ejemplo, que Wikipedia es "una tomadura de pelo" porque cualquier cibernauta puede entrar y modificar los contenidos, los datos, los nombres, los hechos.

Lo descubrió un día cuando alguien por ahí reescribió que Francisco Ignacio Madero medía casi dos metros.

Y aun cuando lo consideró una vacilada, una travesura, estuvo consciente del pitorreo.

Por eso busca otros contenidos, incluso, los reproduce de los programas de estudio de universidades extranjeras. Es autodidacta. Su propio maestro.

Por Internet también estudia idiomas. Habla el inglés y lo domina de maravilla para arriba. Ahora, estudia francés.

Y el primer paso lo dio bajando canciones en francés y que aprende de memoria y coteja el francés con el español y el inglés y entonces, conoce el significado de cada palabra. También estudia por Internet las reglas gramaticales del francés.

Y para constatar que va por buen camino de vez en vez busca platicar con amigos, conocidos, vecinos que hablen el francés para pulir y volver a pulir la pronunciación. Les llama "tertulias en francés".

Sabe que en el mundo cibernético hay cientos, miles de universidades con cursos en línea y los aprovecha.

Pero también tiene conocimiento que montón de escuelas superiores contratan a expertos para dictar cursos y conferencias magistrales vía Internet y pagan en dólares y euros por unas cuantas horas.

Incluso, asesorías a los estudiantes.

Por eso, se apura a estudiar en el ramo que le interesa, la ingeniería, para buscar la oportunidad de concurrir a tal mercado laboral y tener ingresos con toda la libertad, independencia y autonomía del mundo.

Un chico universitario dice. "He aprendido más en Internet y en las plataformas digitales que en el salón de clases".

Incluso, está contento porque dice que se ha convertido en su propio maestro y selecciona los textos a leer y estudiar y releer y volver a estudiar basado, incluso, en los programas de educación superior de colegios públicos y privados extranjeros.

Claro, reconoce, el Internet ningún papel académico otorga, pero, bueno, cursa un semestre más en la universidad, pero enriquece y multiplica su conocimiento en las plataformas.

El chico navega en Internet y elige los programas de estudio y los escudriña con microscopio y deriva en un mapeo ideal y soñado. Y aun cuando al mismo tiempo cumple con la tarea escolar se impuso otra mirada.

De algún modo es como si cursara dos carreras al mismo tiempo como alumno presencial, en línea o híbrido como ahora se estila con el coronavirus.

El resultado es favorable para la universidad y el Internet.

Incluso está consciente de que en Internet hay mucha, demasiada, basura informativa y académica.

Dice, por ejemplo, que Wikipedia es "una tomadura de pelo" porque cualquier cibernauta puede entrar y modificar los contenidos, los datos, los nombres, los hechos.

Lo descubrió un día cuando alguien por ahí reescribió que Francisco Ignacio Madero medía casi dos metros.

Y aun cuando lo consideró una vacilada, una travesura, estuvo consciente del pitorreo.

Por eso busca otros contenidos, incluso, los reproduce de los programas de estudio de universidades extranjeras. Es autodidacta. Su propio maestro.

Por Internet también estudia idiomas. Habla el inglés y lo domina de maravilla para arriba. Ahora, estudia francés.

Y el primer paso lo dio bajando canciones en francés y que aprende de memoria y coteja el francés con el español y el inglés y entonces, conoce el significado de cada palabra. También estudia por Internet las reglas gramaticales del francés.

Y para constatar que va por buen camino de vez en vez busca platicar con amigos, conocidos, vecinos que hablen el francés para pulir y volver a pulir la pronunciación. Les llama "tertulias en francés".

Sabe que en el mundo cibernético hay cientos, miles de universidades con cursos en línea y los aprovecha.

Pero también tiene conocimiento que montón de escuelas superiores contratan a expertos para dictar cursos y conferencias magistrales vía Internet y pagan en dólares y euros por unas cuantas horas.

Incluso, asesorías a los estudiantes.

Por eso, se apura a estudiar en el ramo que le interesa, la ingeniería, para buscar la oportunidad de concurrir a tal mercado laboral y tener ingresos con toda la libertad, independencia y autonomía del mundo.

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