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Causas y EFECTOS

  • Alfredo Ríos Hernández

*LA FALSEDAD DE LOS DEBATES

*DESACREDITAR AL MÁS FUERTE

*EL LLAMADO DE EVANGÉLICOS

*CASTIGO AL PECADO ORIGINAL

Y de qué sirven los debates entre los candidatos a las alcaldía?… La interrogante pareciera que encuentra entre la ciudadanía una respuesta coincidente: “No sirven para nada”, salvo que no sea el aprovechar un escenario espectacular para desacreditar al rival o los rivales más fuertes.

Y es que la historia de los debates entre candidatos, sea a nivel municipal, estatal o nacional, siempre representará que de manera instintiva, los candidatos que se saben más débiles, sumaran voces hacia el o los participantes, a los que se les acredite mayores posibilidades de triunfo en día de las elecciones.

Así las cosas, aquello de “la equidad” que se maneja como “la joya de la esencia de los debates” resulta una falacia, una meta no alcanzada, dado que en tales escenarios con los cuales se buscaba construir un espacio, donde cada candidato difundiera su proyecto para aplicar durante su ejercicio en la función a la que aspira (alcalde, legislador, gobernador o presidente de la República) desde sus inicios se convirtieron en templetes de la descalificación, de la desacreditación e incluso la injuria de los unos contra los otros, pero en especial contra el participante que en las encuestas se refiriera como el probable ganador en los comicios.

Por ello se ha llegado a la conclusión entre especialistas que se pudieran calificar como de los serios “de verdad”, que en el marco de un debate entre candidatos, la suma de los aspirantes “más débiles” dirigiendo ataques al que consideran “más fuerte”, le otorga a tales eventos notorios rangos de inequidad que desdoran la intención “equitativa” y, por lo tanto, el sentido “democrático” que les dieron origen.

Ya hace algún tiempo referí que si algo resulta verdad en un debate es que “las apariencias engañan”, en ese marco resultó precisamente el escenario donde se registró el debate entre candidatos hace ya muchos años, cuando contendían por la Presidencia de Estados Unidos el demócrata John F. Kennedy y el republicano Richard Nixon, ambos por distintas y notables razones, actualmente destacan en la historia contemporánea norteamericana.

Cuentan los cronistas que al finalizar ese célebre debate, quienes lo habían escuchado por radio favorecieron con su opinión a Nixon, mientras que aquellos que lo vieron por televisión se sumaban a Kennedy, tales diferencias fueron acreditadas a que quien mejor habló fue Nixon, pero quien mejor vistió, arregló su rostro y peinado fue Kennedy, o sea, en ocasiones la forma tiene mayor peso que el fondo, punto de vista que por sí mismo hace dudar sobre el real peso y valor de los debates.

Así las cosas, en rutas totalmente ajenas y claramente desvirtuadas de las positivas intensiones que les dieron origen, los debates como el recientemente efectuado en la ciudad de Córdoba entre los candidatos a la Presidencia Municipal, por sí mismos dejan clara referencia de que sin partidos políticos y candidatos realmente democráticos, el ciudadano seguirá siendo manipulado por intereses de grupos de poder, que han emergido del maniqueísmo, la simulación y la falsa apariencia de salvadores de la sociedad, cuando en realidad, muchos de ellos forman parte de manera incuestionable, de grupos de poder frecuentemente coludidos con los mismos pecados y vicios que han sembrado descrédito en la administración pública, salvo muy escasas y afortunadas excepciones, que por lo mismo se pueden contar con los dedos de una mano.

De entre quienes debatieron en esta semana como candidatos a la alcaldía cordobesa, existe quien en fechas pasadas no pudo acreditar el haber leído ni un libro, tanto así que cuando le pidieron que señalara tres títulos, solo acató a referir la biblia y le resultó imposible citar otro más, claro que con esa referencia bien se podría pensar que para el elector, le es más fácil el descartar que el seleccionar… Así están las cosas.

VERDADES EN DECLARACIÓN

DE VOCES EVANGÉLICAS

Y ante los nuevos tiempos imperantes en ámbitos electorales, escenarios en el que cada etapa de elección es mayor el número de aspirantes que intentan ganar una elección, válido es referir que paralelamente a esa nueva moda electorera, han surgido sectores (incluyendo el religioso) que asumen papeles protagónicos en los marcos del proceso electoral, ejemplo de ello es lo que acontece a Córdoba y también en otras zonas jarochas, en el que ministros de diversos cultos y feligreses se han pronunciado en contra de vicios que han invadido los ámbitos políticos electorales en nuestras tierras.

Los evangélicos cordobeses, para citar un ejemplo, puntualizaron ante medios de comunicación que fueron convocados en los tradicionales portales de la ciudad de los caballeros, para que los próximos alcaldes “sean realmente honestos y no resulten animales carroñeros”.

En ese marco, los integrantes del Consejo Representativo de Iglesias Evangélicas en el Estado de Veracruz apuntaron con precisión que “los veracruzanos ya están cansados de las traiciones, sinvergüenzadas, lodo y pantanal que provocan quienes sólo se dedican a denostar”.

Y es que bien podríamos sostener que en verdad, lo que más escuchamos en etapas electorales (salvo esporádicas ocasiones) es la descalificación de los unos contra los otros, guerras sucias que los propios pastores evangélicos acreditan como distorsiones que alteran y desvirtúan el proceso electoral y el avance de la democracia.

Y es que al final del día lo que le está sucediendo al electorado mexicano es que su sufragio se está registrando más con la tendencia descalificadora, que con la intención de sufragar en favor de la mejor propuesta, del mejor proyecto, de los mejores planteamientos al margen de los orígenes partidistas.

Es incuestionable que en todos los partidos políticos bien podrían existir militantes positivos y prestigiados al igual que aquellos que conforman “más de lo mismo” en el sentido negativo, considero que en ese marco de posibilidades se perfilan los planteamientos de los voceros de la Iglesias Evangélicas, quienes emiten un llamado para evadir entre el electorado la descalificación y privilegiar la capacidad individual de cada candidato, al margen de los colores que lo promocionan como aspirante a la Presidencia Municipal.

Ciertamente, no se podría citar como positivamente apropiado que un candidato cargue, sin deberla ni tenerla, con las culpas de un funcionario que militó o milita en el mismo partido político, es como si validáramos de manera contundente y radical que todos los hombres y mujeres deben pagar las culpas que se refieren en los apuntes bíblicos sobra Eva y Adán, a quien se les acredita el origen de lo pecaminoso, cuando el amar, compartir y convivir es el mayor privilegio y virtud del ser humano.

El contexto de las declaraciones emanadas en los voces de los representantes evangélicos constituyen un mensaje de convivencia humanista, valor y virtud que debiera ser parte de la vida misma al interior de todos los partidos políticos y de los electores en lo general, en el que debe quedar plasmado que se debe sufragar por quien refiera mayor preparación y mejores planteamientos como fundamento para su programa de gobierno, si es que recibe el sí del electorado, sin acreditar absolutamente a nadie de los contendientes, culpas y lodazales que no conforman parte de su responsabilidad.

Si en Córdoba, Orizaba, Veracruz o México entero seguimos ejerciendo el sufragio en base a la intensión de castigar yerros del pasado, que no forman parte de los actores en la contienda electoral seguiremos refiriendo la tendencia de castigar a quien no la debe y, de paso, beneficiando a quien por sus limitaciones e incompetencia no lo merece… Ahí la dejamos.

Atenderé sus puntos de vista en

ruidosyvoces@yahoo.com.mx