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Desde Huatusco

  • Roberto García Justo

Otra vez el “chango”

La caricatura es la radiografía del gesto humano, una exageración intencionada para producir verdad, un escamoteo de lo real para exhibir en ropas menores el orgullo y la vanidad. Resumo lo que escribió el periodista Alfredo Cardona Peña: En el periodismo, la caricatura muchas veces es más importante que la editorial y de ahí que sea tan temida como respetada”. Esto va relacionado con el homenaje a Ernesto “Chango” García Cabral, realizado en el Museo Estudio de Diego Rivera.

“El caricaturista es un filósofo de seriedad espeluznante que, precisamente por eso destila ese jugo del pensamiento que llamamos humor.” En esa misma ruta que nos encadena a descubrir los amplios espacios del arte, se le hizo la misma pregunta a don Alfonso Reyes: “Sencillamente la caricatura es una etimología del carácter, una indagación en las raíces de la personalidad. México ha tenido maravillosos artistas desde hace dos siglos. La historia social no se puede aislar de la caricatura y el epigrama, que es el aguijón del dibujo, han andado juntos, salen y entran a la cárcel como una pareja de cuchillos amartelados por el ingenio”

Así mismo, recalca este gran humanista que: “La obra de García Cabral viene a ser la historia viva de nuestro tiempo. Nada le ha faltado para ir realizándola como sin darse cuenta: la ardiente vocación que ha gobernado toda su vida, la imaginación fertilísima, el don natural que es como una función automática de su lápiz, la técnica plenamente vencida, la difícil facilidad”. Y es que no solo era caricaturista nato, sino él mismo era una caricatura, se deduce en  la opinión de los que compartieron con él los increíbles retos de la Revolución Mexicana.

El disfraz no era  escudo para García Cabral, el mismo se veía la cara de chango, y se definía distinto al hombre que se pinta con la nostalgia de la gran belleza griega, “porque tengo esta voluntad grotesca de índole muy personal. Si de niño me ven cara de chango, y me apodan así, en cierto modo es una caricatura del hombre o, quizá, un mejor proyecto de hombre, entonces elijo al chango, que, a veces, nos ilustra más sobre nosotros  que nosotros mismos”. Y concluye, “es un arte menor, constituye su modo de expresión apropiado”.

Estando en París conoció la valiosa tendencia artística de Honoré Daumier , nacido en Marsella  en 1808, cuya obra capta al pueblo francés como ninguno,  se le  consideró  el más grande de los  caricaturistas políticos de la historia de aquel País.  Como fino crítico del gobierno de Luis Felipe I. fue encarcelado durante seis meses, luego, víctima de la censura se retiró para dedicarse a ridiculizar las costumbres impuestas, hasta su retorno en los inicios de la Revolución francesa.

Se  asocia con el huatusqueño García Cabral porque sus grabados destacan por la mordacidad descarnada y por la cantidad de matices exquisitos y líneas nada exentas de sutilezas, trabajó sarcásticamente los rostros, las expresiones, los gestos, con precisa exageración que logra dar noción de la personalidad de los sujetos representados. Destacó por la ingenua interpretación de acontecimientos y modo de vida de una época, por lo que fue uno de los grandes expresionistas.

Por ese motivo, dice Juan José Arreola, Cabral es un testigo objetivo por su universalidad, percibe las mayores finuras de los mejores dibujantes europeos. Ve lo que sucede objetivamente en la plástica universal, y con esa intuición del gran pícaro mexicano que fue, se da cuenta de que no debe meterse a muralista, ni a pintor de caballete, ni siquiera pintor en serio, porque se le presenta un mundo en descomposición, grotesco; así por ejemplo, mira el mundo de las grandes cocotas, que vive, convive y aún ama, a la parisién, que es la forma cosmopolita, la flor del romance y de lo terrible”. De esa forma se percató que cuando una caricatura es buena, supera al retrato.