/ jueves 7 de noviembre de 2019

Disruptores | Big Box, el regalo que no vas a cambiar

La plataforma de Gastón Parisier ayuda a los usuarios a obsequiar experiencias, como catas de vino o viajes en parapente en vez de cosas

En muchas ocasiones, el acto de regalar, comparte Gastón Parisier, se ha convertido en un protocolo más, en una encarnación más del consumismo que llena a las personas de cosas que no necesitan y al mundo de basura.

Regalar —dice— debería ser un acto que se toma su tiempo, que nace del cariño o el respeto, y pesando en la persona a quien se le quiere dar un detalle.

“Regalar no solamente debe hacer felices a quienes reciben el regalo, sino que creemos que es algo que nos debe dar felicidad a nosotros mismos”, dice Gastón, fundador y CEO de Big Box.

Con estas vértices en su ADN es que esta empresa de origen argentino busca darle un giro a la millonaria industria del regalo, aportándole valor y mayor sustentabilidad hacia el futuro.

Big Box es un servicio en el que las personas obsequian para cualquier ocasión experiencias, no objetos físicos.

Mediante la plataforma, el que piensa darle algo a esa persona especial tiene para escoger entre un amplio abanico de posibilidades: clases de buceo, de cocina, una cena para dos en ese restaurante de moda, un salto en paracaídas o en ala delta, un show de magia, una nadada con delfines, una cata de mezcal.

Ya sea de manera digital o como tarjeta de regalo, el que recibe el regalo obtiene un pase con todos los gastos pagados a la experiencia que fue escogida para él y tiene un año para hacerla válida.

La tarea de la plataforma es encontrar negocios que tengan conceptos interesantes, se sumen a la plataforma, y volverlos aliados para que entiendan el valor de hacer de cada experiencia una ocasión única.

Foto: Roberto Hernández

De esta manera, Big Box busca desaparecer ese par de zapatos que tu papá nunca se puso, ese reloj de mal gusto que “perdiste”, aquellas flores que no escogiste pero sí se marchitaron al otro día y que hoy adornan la esquina de la basura.

“Desarrollamos la plataforma para que en vez de regalar objetos físicos, que lo único que llevan es a la sociedad a acumular cosas que no necesita, podamos dar momentos que son las cosas que uno sí se queda para el resto de la vida.

“En los estudios de mercado que hicimos, nueve de cada 10 personas cuando entregan un regalo dicen 'si no te gusta lo puedes cambiar'. Eso habla de un problema (sobre consumo). Creemos que la acumulación de objetos es del siglo pasado, estamos en la era de las experiencias”.

Según explica Gastón, el concepto de “LA EXPERIENCIA” (así, en mayúsculas) se ha colado en casi todas las etapas de nuestras vidas, como consumidores y como seres sociales, y es lo que hace que su empresa tenga sentido.

Desde el punto de vista de las empresas, éstas buscan darle a los consumidores condiciones que creen que el usuario encontrará valiosas y así logran diferenciarse. Ya no se tiene un smartphone, se usa un iPhone; ya no se busca un taxi, se pide un Uber; ya no se reserva en hoteles, se aparta un AirBnB; ya no se va a una sucursal de banco, se usa banca en línea.

Desde el lado de los consumidores, estos ahora cuentan con vidas digitales en las que comparten principalmente los momentos memorables de su día. Asimismo, con el advenimiento de la economía colaborativa basada en servicios, los consumidores cada vez están menos dispuestos a gastar en objetos físicos.

“Es un poco estar en el momento y lugar justo. Por un lado, estamos viviendo una era donde la sociedad tiene una vida real y una vida virtual.

"La digitalización de la vida en las redes sociales hace 10 años no existía, y en esa digitalización de la vida lo que uno muestra son experiencias, entonces hay un deseo de consumirlas.

“La vida digital gira en torno a las experiencias, nadie sube a sus redes su nueva chaqueta o su pantalón. Todo el mundo muestra los viajes, los restaurantes, los postres que se come. Es una realidad donde tener posesiones es cada vez menos un bien preciado, dejamos de estar en la era de los consumidores y pasamos a estar en la era de los suscriptores, (...) y creo que es lo que está empujando cada vez más el crecimiento de Big Box”.

Al final del día, dice, lo que quiere es que la gente regale quizá lo más valioso: un momento para ser feliz.

En lugar de los obsequios tradicionales, Big Box ofrece experiencias como tirarse en paracaídas, cenas en restaurantes de moda, catas de mezcal, entre otras 200 opciones / Foto: Roberto Hernández

EL AS EN LA MANGA

Antes de Big Box, Gastón había estudiado durante 10 años cartomagia para el espectáculo que llevaba a las fiestas infantiles de Argentina. La idea para su empresa le vino en 2009, a los 24 años, cuando una persona cercana le regaló un salto en paracaídas.

“Quedé completamente entusiasmado y le pregunté a mi padre si me podía ayudar a contactar a algunos restaurantes. Fui a ver a un amigo mío y le conté la idea de armar un sitio web con muchas experiencias y ofrecer la solución para regalos.

“Me acuerdo que mi teléfono era el 01 800 Big Box. Contestaba 'Big Box buenas tardes' y eran mis amigos que me decían 'basta, Gastón'. Como toda historia de emprendedor se empieza muy chiquito, dejando toda la pasión para salir adelante”.

Mediante inversiones ángel, Big Box se convirtió en la primera empresa latinoamericana basada en la venta de experiencias y actualmente coloca en el mercado argentino medio millón de regalos al año con un valor de 15 millones de dólares.

Al duplicar su tamaño cada año, con el tiempo, Big Box exportó su modelo a los vecinos Chile, Perú y Uruguay. En México tiene menos de un mes de operaciones. Aparejado a su plataforma digital, Big Box marida su modelo de negocio con tiendas físicas en centros comerciales, contabilizando al momento 17 sucursales.

Según Gastón, aunque se habla de la desaparición progresiva del retail, la presencia física le da visibilidad a la marca y mayor alcance que si la empresa fuera enteramente digital.

Con cuatro tiendas próximas a abrirse en México durante los siguientes meses, Gastón confía en que el país se convertirá en poco tiempo en el principal mercado para Big Box, más grande que Argentina.

“Cuando comenzamos a expandirnos empezamos con algo que era relativamente más fácil. Siempre me pareció decisivo México. Nos equivocamos en Uruguay, nos equivocamos en Chile, nos equivocamos en Perú y creemos que lo estamos haciendo muy bien en México.

“Tengo un montón de entrevistas de reclutamiento esta semana y lo único que no me pueden decir como razón para querer estar en Big Box es por el salario, hay cientos de miles de compañías que pueden ofrecer un salario igual o mejor. Para mí son muy importantes las primeras contrataciones porque no estoy en México, no soy mexicano y necesito tener emprendedores que crean en la compañía”.

ESCAPISTA

Gastón reconoce que el mercado en el que se mueve tiene una trampa y esa es la tentación de convertirse en un marketplace de experiencias, o una agencia de viajes, dejando de lado el concepto del regalo. Empresas con capitales multimillonarios respaldándolas como AirBnB o Expedia Group han diversificado sus modelos, basados en viajes hacia la reserva de experiencias en los principales destinos turísticos del mundo.

En AirBnB se pueden reservar clases de cocina mexicana para quienes visitan la capital del país o una visita a la Arena México para ver las luchas. Expedia Group, por su parte, le vende a los viajeros el avión, la renta del auto, el hotel y la cena recomendada en un solo lugar.

Foto: Roberto Hernández

La lógica de este desdoblamiento empresarial responde a la fuerza que están cobrando los hábitos de consumo que Gastón señala como el núcleo de su negocio: la gente quiere experimentar cosas únicas y nuevas y compartirlas de manera rápida y sencilla.

“Me lo preguntan los accionistas de la compañía y yo digo siempre lo mismo: nadie va a ir a AirBnB para hacer un regalo, vas ahí para comprar algo para ti y tus acompañantes. Pero cuando pienses en hacer un regalo vas a pensar en Big Box, porque la experiencia es más completa.

“A ellos los siento como aliados que están promoviendo la cultura de vivir más experiencias. Big Box está creando una experiencia de uso para cuando piensas en otro y desde ese lugar no veo que sean nuestros competidores por ahora”.

Para obtener ese diferenciador, la empresa ha ido refinando su curaduría de experiencias, mediante la contratación de personal específicamente enfocado en ello, evangelizando a los negocios sobre las ventajas de ser más flexibles en sus procesos e involucrar al concepto de Big Box en sus operaciones.

En México ya han sumado 200 experiencias y planean hacer crecer este número rápidamente.

La clave, dice Gastón, se encuentra en la personalización de la experiencia que se ha elegido como regalo. En la originalidad y el expertise por parte de Big Box sobre las experiencias locales.

“En nuestro proyecto está la unificación de todas nuestras compañías en Latinoamérica y que haya una única compañía donde un mexicano compre experiencias de Perú, Chile y Argentina, pero eso vendrá después. Nuestra misión es crear una sociedad más generosa que entregue obsequios más sentidos, y en eso creemos que no hay ningún competidor”.


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En muchas ocasiones, el acto de regalar, comparte Gastón Parisier, se ha convertido en un protocolo más, en una encarnación más del consumismo que llena a las personas de cosas que no necesitan y al mundo de basura.

Regalar —dice— debería ser un acto que se toma su tiempo, que nace del cariño o el respeto, y pesando en la persona a quien se le quiere dar un detalle.

“Regalar no solamente debe hacer felices a quienes reciben el regalo, sino que creemos que es algo que nos debe dar felicidad a nosotros mismos”, dice Gastón, fundador y CEO de Big Box.

Con estas vértices en su ADN es que esta empresa de origen argentino busca darle un giro a la millonaria industria del regalo, aportándole valor y mayor sustentabilidad hacia el futuro.

Big Box es un servicio en el que las personas obsequian para cualquier ocasión experiencias, no objetos físicos.

Mediante la plataforma, el que piensa darle algo a esa persona especial tiene para escoger entre un amplio abanico de posibilidades: clases de buceo, de cocina, una cena para dos en ese restaurante de moda, un salto en paracaídas o en ala delta, un show de magia, una nadada con delfines, una cata de mezcal.

Ya sea de manera digital o como tarjeta de regalo, el que recibe el regalo obtiene un pase con todos los gastos pagados a la experiencia que fue escogida para él y tiene un año para hacerla válida.

La tarea de la plataforma es encontrar negocios que tengan conceptos interesantes, se sumen a la plataforma, y volverlos aliados para que entiendan el valor de hacer de cada experiencia una ocasión única.

Foto: Roberto Hernández

De esta manera, Big Box busca desaparecer ese par de zapatos que tu papá nunca se puso, ese reloj de mal gusto que “perdiste”, aquellas flores que no escogiste pero sí se marchitaron al otro día y que hoy adornan la esquina de la basura.

“Desarrollamos la plataforma para que en vez de regalar objetos físicos, que lo único que llevan es a la sociedad a acumular cosas que no necesita, podamos dar momentos que son las cosas que uno sí se queda para el resto de la vida.

“En los estudios de mercado que hicimos, nueve de cada 10 personas cuando entregan un regalo dicen 'si no te gusta lo puedes cambiar'. Eso habla de un problema (sobre consumo). Creemos que la acumulación de objetos es del siglo pasado, estamos en la era de las experiencias”.

Según explica Gastón, el concepto de “LA EXPERIENCIA” (así, en mayúsculas) se ha colado en casi todas las etapas de nuestras vidas, como consumidores y como seres sociales, y es lo que hace que su empresa tenga sentido.

Desde el punto de vista de las empresas, éstas buscan darle a los consumidores condiciones que creen que el usuario encontrará valiosas y así logran diferenciarse. Ya no se tiene un smartphone, se usa un iPhone; ya no se busca un taxi, se pide un Uber; ya no se reserva en hoteles, se aparta un AirBnB; ya no se va a una sucursal de banco, se usa banca en línea.

Desde el lado de los consumidores, estos ahora cuentan con vidas digitales en las que comparten principalmente los momentos memorables de su día. Asimismo, con el advenimiento de la economía colaborativa basada en servicios, los consumidores cada vez están menos dispuestos a gastar en objetos físicos.

“Es un poco estar en el momento y lugar justo. Por un lado, estamos viviendo una era donde la sociedad tiene una vida real y una vida virtual.

"La digitalización de la vida en las redes sociales hace 10 años no existía, y en esa digitalización de la vida lo que uno muestra son experiencias, entonces hay un deseo de consumirlas.

“La vida digital gira en torno a las experiencias, nadie sube a sus redes su nueva chaqueta o su pantalón. Todo el mundo muestra los viajes, los restaurantes, los postres que se come. Es una realidad donde tener posesiones es cada vez menos un bien preciado, dejamos de estar en la era de los consumidores y pasamos a estar en la era de los suscriptores, (...) y creo que es lo que está empujando cada vez más el crecimiento de Big Box”.

Al final del día, dice, lo que quiere es que la gente regale quizá lo más valioso: un momento para ser feliz.

En lugar de los obsequios tradicionales, Big Box ofrece experiencias como tirarse en paracaídas, cenas en restaurantes de moda, catas de mezcal, entre otras 200 opciones / Foto: Roberto Hernández

EL AS EN LA MANGA

Antes de Big Box, Gastón había estudiado durante 10 años cartomagia para el espectáculo que llevaba a las fiestas infantiles de Argentina. La idea para su empresa le vino en 2009, a los 24 años, cuando una persona cercana le regaló un salto en paracaídas.

“Quedé completamente entusiasmado y le pregunté a mi padre si me podía ayudar a contactar a algunos restaurantes. Fui a ver a un amigo mío y le conté la idea de armar un sitio web con muchas experiencias y ofrecer la solución para regalos.

“Me acuerdo que mi teléfono era el 01 800 Big Box. Contestaba 'Big Box buenas tardes' y eran mis amigos que me decían 'basta, Gastón'. Como toda historia de emprendedor se empieza muy chiquito, dejando toda la pasión para salir adelante”.

Mediante inversiones ángel, Big Box se convirtió en la primera empresa latinoamericana basada en la venta de experiencias y actualmente coloca en el mercado argentino medio millón de regalos al año con un valor de 15 millones de dólares.

Al duplicar su tamaño cada año, con el tiempo, Big Box exportó su modelo a los vecinos Chile, Perú y Uruguay. En México tiene menos de un mes de operaciones. Aparejado a su plataforma digital, Big Box marida su modelo de negocio con tiendas físicas en centros comerciales, contabilizando al momento 17 sucursales.

Según Gastón, aunque se habla de la desaparición progresiva del retail, la presencia física le da visibilidad a la marca y mayor alcance que si la empresa fuera enteramente digital.

Con cuatro tiendas próximas a abrirse en México durante los siguientes meses, Gastón confía en que el país se convertirá en poco tiempo en el principal mercado para Big Box, más grande que Argentina.

“Cuando comenzamos a expandirnos empezamos con algo que era relativamente más fácil. Siempre me pareció decisivo México. Nos equivocamos en Uruguay, nos equivocamos en Chile, nos equivocamos en Perú y creemos que lo estamos haciendo muy bien en México.

“Tengo un montón de entrevistas de reclutamiento esta semana y lo único que no me pueden decir como razón para querer estar en Big Box es por el salario, hay cientos de miles de compañías que pueden ofrecer un salario igual o mejor. Para mí son muy importantes las primeras contrataciones porque no estoy en México, no soy mexicano y necesito tener emprendedores que crean en la compañía”.

ESCAPISTA

Gastón reconoce que el mercado en el que se mueve tiene una trampa y esa es la tentación de convertirse en un marketplace de experiencias, o una agencia de viajes, dejando de lado el concepto del regalo. Empresas con capitales multimillonarios respaldándolas como AirBnB o Expedia Group han diversificado sus modelos, basados en viajes hacia la reserva de experiencias en los principales destinos turísticos del mundo.

En AirBnB se pueden reservar clases de cocina mexicana para quienes visitan la capital del país o una visita a la Arena México para ver las luchas. Expedia Group, por su parte, le vende a los viajeros el avión, la renta del auto, el hotel y la cena recomendada en un solo lugar.

Foto: Roberto Hernández

La lógica de este desdoblamiento empresarial responde a la fuerza que están cobrando los hábitos de consumo que Gastón señala como el núcleo de su negocio: la gente quiere experimentar cosas únicas y nuevas y compartirlas de manera rápida y sencilla.

“Me lo preguntan los accionistas de la compañía y yo digo siempre lo mismo: nadie va a ir a AirBnB para hacer un regalo, vas ahí para comprar algo para ti y tus acompañantes. Pero cuando pienses en hacer un regalo vas a pensar en Big Box, porque la experiencia es más completa.

“A ellos los siento como aliados que están promoviendo la cultura de vivir más experiencias. Big Box está creando una experiencia de uso para cuando piensas en otro y desde ese lugar no veo que sean nuestros competidores por ahora”.

Para obtener ese diferenciador, la empresa ha ido refinando su curaduría de experiencias, mediante la contratación de personal específicamente enfocado en ello, evangelizando a los negocios sobre las ventajas de ser más flexibles en sus procesos e involucrar al concepto de Big Box en sus operaciones.

En México ya han sumado 200 experiencias y planean hacer crecer este número rápidamente.

La clave, dice Gastón, se encuentra en la personalización de la experiencia que se ha elegido como regalo. En la originalidad y el expertise por parte de Big Box sobre las experiencias locales.

“En nuestro proyecto está la unificación de todas nuestras compañías en Latinoamérica y que haya una única compañía donde un mexicano compre experiencias de Perú, Chile y Argentina, pero eso vendrá después. Nuestra misión es crear una sociedad más generosa que entregue obsequios más sentidos, y en eso creemos que no hay ningún competidor”.


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