Verónica Langer, de médico en Argentina a triunfar como actriz en México

Verónica Langer estuvo a punto de convertirse en médico en Argentina, pero al exiliarse con su familia en México, se decidió a ser actriz, una profesión en la que se ha desarrollado durante más de 40 años

Froylan Escobar Lara / El Sol de México

  · domingo 25 de febrero de 2024

Verónica Langer disfruta de seguir contando historiasFOTOS: Aracely Martínez / Ovaciones

Le faltaban dos años para concluir la carrera en Medicina, sin embargo, los problemas políticos y sociales de su país obligaron a ella, su hermana y su madre a mudarse a México. Aquí, el camino de Verónica Langer no se desarrolló dentro de consultorios u hospitales, sino sobre escenarios teatrales y foros de televisión.

Así de drástico fue el cambio de vida de la hoy actriz de 70 años, quien a los 21 años empezó a prepararse en actuación y hoy celebra más de cuatro décadas de carrera.

“Nunca había estado en mis planes ser actriz, vengo de una familia de médicos, entonces todo el perfil era como para ser una profesionista, pero empezando la secundaria empezó a despertar este interés en la actuación, tomé clases con maestros privados y muy reconocidos en Argentina, para ese entonces yo estaba en la facultad de Medicina, tengo dos hermanos médicos mayores, hermana y hermano”, afirmó la actriz en entrevista.

“En Argentina hubo una situación complicada, nos tuvimos que ir por cuestiones políticas y fue aquí en México que me decidí completamente a ser actriz”, agregó.

Verónica Langer nació en Buenos Aires, Argentina, el 11 de junio de 1953. Es la menor de cinco hermanos. Vero, como le llaman cariñosamente, tiene muchos recuerdos de su infancia, en parte por las diferentes fotografías que tiene en su librero, algunas colgadas en el pasillo de entrada y otras más en una repisa. Al recordar esos años, sonríe, mientras se sienta en una silla que tiene en su sala, mirando una pecera que se encuentra cerca de su comedor, al lado de un piano.

Para ella, mudarse de país fue complicado, sobre todo porque se empapó de una nueva cultura ya siendo mayor de edad. Pero se dejó llevar, nunca puso resistencia y aquí logró concretar uno de sus más grandes sueños: pararse en un escenario de teatro.

DESCUBRIR NUEVOS MUNDOS

Tras estudiar en la Escuela Nacional de Arte Teatral, su primera obra estrenada en México fue “La Mudanza”, de Vicente Leñero.

“No fue fácil haberme mudado de país sobre todo porque en Argentina había una situación tremenda de mucha represión, pero estar aquí me impactó mucho positivamente, estaba encandilada con la cultura de México, era una época que disfruté mucho por sus artesanías, su música, su pintura, estaba fascinada y tuve la oportunidad de conocer gente del medio de la actuación”, recordó.

Comenzó su carrera como actriz, pero fue hasta 1992 que incursionó en el cine en “Cómodas mensualidades”, de Julián Pastor y para 1993, le llegó un papel que le dio reconocimiento dentro de esta industria, en la cinta “Miroslava”, del director Alejandro Pelayo y con guion de Guadalupe Loaeza y Vicente Leñero.

“Fui con Alejandro Pelayo a hacer un casting, iba deprimida porque pensé en que no me iba a quedar, en esta profesión hay muchos momentos así, pero de pronto me hablaron que sí me había quedado.

“Fue una experiencia muy bonita, trabajé con (Emmanuel) Lubezki, un mexicano muy 'oscareado', tuve que aprender a hablar en checo, la verdad es un gran recuerdo, me enamoré del cine desde ahí”, indicó.

Su participación en dicho largometraje le trajo un primer premio Ariel, en el rubro de Mejor Actriz de Cuadro. Dicho premio lo tiene exhibido arriba de un mueble que almacena vasos y platos finos.

SU PRESENCIA EN LA PANTALLA

Verónica Langer también destacó en televisión. En 1989 se integró al reparto de “Morir para vivir”, un año después participó en “La hora marcada”, pero su rostro quedó inmortalizado en 1997 gracias a la telenovela de “Mirada de mujer”, donde compartió créditos con Margarita Gralia y Angélica Aragón.

“‘Mirada de mujer” fue una locura, la gente enloqueció y hasta la fecha. En diciembre nos encontramos Margarita Gralia, Angélica Aragón y yo, y subí una foto que nos tomamos, al segundo eran miles de likes, y es cuando te das cuenta de cuánto tiempo ha pasado.

“En un inicio, hasta el nombre de la telenovela me parecía un poco extraño, sobre todo porque se salía del molde de historias de cenicienta, es difícil prever lo que va a pasar con los proyectos en los que trabajas. Este proyecto rompió muchos tabúes, fue de las primeras veces que se habló del cáncer de pecho, de las parejas gays, de cosas que nunca se habían tocado”, sostuvo.

“Mujer, casos de la vida real” (1993), “Tres veces Sofía” (1998), “El tío Alberto” (2000), “Lo que callamos las mujeres” (2001), “Lo que es el amor” (2002) y “Mirada de mujer: El regreso” (2003) forman parte de su carrera. Para 2005, nuevamente el éxito tocó a su puerta gracias al proyecto de “Amor en custodia”, estelarizada por Margarita Gralia y Sergio Basáñez; una historia de amor que cautivó a varias generaciones.

“La verdad es que si uno tuviera la receta del éxito, todos seríamos millonarios. En este negocio del espectáculo todos queremos que nos vaya bien, pero por más que uno le eche ganas, luego los proyectos no trascienden. Por eso, yo trato de involucrarme siempre en cada proyecto, dar lo mejor de mí, comprometerme con mis personajes, el director, pero la bolita para ver el futuro no la tenemos, creo que lo que he tenido es un poco de suerte”, aseguró.

DE VUELTA AL CINE

La buena racha de estar en productos exitosos no sólo se dio en televisión sino también en cine ya que en 2001 trabajó con Alfonso Cuarón para el filme “Y tu mamá también”, cinta nominada a un Oscar y que fue protagonizada por Gael García Bernal, Diego Luna y Maribel Verdú.

“Lo que me llamó la atención de Cuarón fue que era bastante joven, pero tenía una claridad impresionante, su planeación de la escena, es un director que sabe muy bien lo que quiere, a veces un poco demasiado intenso, es alguien muy exigente, bueno, eso me pareció a mí, pero a la vez lo que tiene es que es un director que sabe lo que quiere y a dónde va”, mencionó.

En 2002 destacó en “El crimen del padre Amaro”, de Carlos Carrera y “Hasta el viento tiene miedo” (2007), de Gustavo Moheno. Para 2017, Verónica volvió a levantar una estatuilla dorada en los premios Ariel, en la categoría de Mejor Actuación femenina, gracias a su trabajo en el filme “La caridad”, de Marcelino Islas.

La actriz cuenta con más de 60 participaciones en teatro y suma alrededor de 80 créditos en televisión, cine y series; entre sus últimos proyectos destacan “Rosario tijeras” (2018), “La casa de las flores” (2018), “Soy tu fan: La película” (2022) y “C.H.U.E.C.O.” (2023).

ENTRE LA PRODUCCIÓN Y LAS LETRAS

Además, es productora y escritora. Aunque no se considera una productora como tal de profesión, sí está a cargo de cada uno de sus planes personales, ejemplo de ello es su monólogo “Detrás de mí, la noche”, mismo que actualmente presenta viernes y sábados, en el Centro Cultural y Académico Teatro Casa de La Paz, en la colonia Roma.

“Tardé en levantarlo porque implicó toda una investigación, es la historia de mi familia que viene de Europa Central a raíz de la Segunda Guerra Mundial. Por un lado está el mensaje de que es importante conocer la propia historia, conociendo de dónde vengo, me conozco mejor a mí misma y por otro lado, este monólogo habla del exilio, de una serie de coyunturas históricas, las que pasó mi familia en los años 70 y que lograron superarlas.

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“Aborda distintos mensajes, por ejemplo, es una especie de invitación a superar los problemas, habla de la importancia de no olvidar, no tapar con tierra los problemas que ha habido, la época del racismo y problemas que persisten de la discriminación y todo esto”, dijo.

Como escritora, publicó “Las larvas”, una novela sobre la amistad entre un doctor y su paciente. “Trata de una colonia psiquiátrica donde hay mucha gente internada, pero hay cinco pacientes a cargo de un cuidador; la historia está contada en la voz de él, cuando se escapan cuatro de ellos, por una serie de circunstancias y se queda con uno que se llama “Kiki”, con quien crea una relación muy particular, sobre todo porque él no habla, realmente no sabemos qué tanto entiende, ellos dos juntos pasan por una serie de aventuras”.

Entre la actuación, la producción y la escritura, Verónica Langer disfruta de seguir contando historias y compartir con el público, como ha hecho prácticamente de su arribo a México, su segunda patria.