/ sábado 2 de octubre de 2021

Ciencia: todas las lluvias contaminan; algunas, más

Cada vez que llueve van junto con el agua diversos contaminantes que van a caer directamente sobre nosotros, las plantas, automóviles, casas y edificios

Xalapa, Ver.- Cuando el cielo comienza a nublarse solemos pensar en aquella ropa que dejamos tendida en la azotea, pues si llega a mojarse seguro terminará con un olor nada agradable, o incluso, si es blanca, es posible ver algunas manchas de lluvia, pero, ¿por qué si solo es agua? La causante es la lluvia ácida.

Aunque no lo sepamos, cada vez que llueve van junto con el agua diversos contaminantes que van a caer directamente sobre nosotros, las plantas, automóviles, casas y edificios, y de manera imperceptible causan daño.

María Concepción Barrera Domínguez, catedrática e investigadora de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Veracruzana (UV), campus Coatzacoalcos nos explica que la lluvia ácida es un tipo de contaminación que se produce a partir de los gases procedentes de los escapes de los automóviles, principalmente, pero también la origina la industria metalúrgica y termoeléctrica.

Te puede interesar: Ciencia: Conocimientos de pueblos originarios son saqueados

Indica que en estas industrias se quema mucho combustible que contienen los precursores de la lluvia ácida: azufre, nitrógeno y CO2, los cuales “se emiten a la atmósfera, reaccionan con la humedad del aire y producen ácido: ácido sulfúrico, ácido nítrico y ácido carbónico; estos se diluyen en las gotitas de agua y es lo que cae con la lluvia, por eso se llama lluvia ácida”.

Ácidos ya son parte de la lluvia

La investigadora señala que la lluvia es ácida, pues todos los días hay contaminación en el ambiente.

"Puede que el ácido esté más concentrando al inicio de la temporada de lluvia, porque estos ácidos se van acumulando en las nubes y en la atmósfera. Mientras hay seca y no llueve, estos ácidos se van acumulando, por lo que la concentración es mucho mayor, por ello al principio de la temporada de lluvia esta agua lleva mucho ácido; conforme va lloviendo más va disminuyendo la cantidad de ácidos, pero siempre están presentes”, explica.

Es decir, ya que constantemente se están emitiendo a la atmósfera contaminantes, la lluvia siempre va a tener cierto grado de acidez. Agrega que en las grandes ciudades hay mucha más lluvia ácida que en las zonas rurales, donde casi no hay automóviles ni hay industria, pero no por ello se salva de este fenómeno, porque los vientos que mueven a las nubes llevan a estos lugares apartados la lluvia ácida.

Daños imperceptibles

Barrera Domínguez explica que tanto las personas como los demás seres vivos nos vemos expuestos “porque estos ácidos son corrosivos, entonces al tener contacto con ellos vamos a tener un daño a la salud”.

 

 

La investigadora enumera que en los seres vivos puede llegar a producir quemaduras en la piel de leves a graves y dañar nuestras vías respiratorias al inhalar la humedad de la lluvia.

Para las plantas también hay perjuicio, pues sus hojas se queman y la tierra absorbe estos ácidos, afectando que haya buena producción de plantas comestibles.

En cuanto al daño en las ciudades, Barrera Domínguez alerta que la lluvia ácida penetra en la porosidad del concreto, “si hay grietas, estos ácidos van corroyendo la parte metálica de las construcciones, lo que las varillas, por ejemplo, pueden llegar a colapsar los edificios por el daño a las estructuras”.

Indica que los automóviles también sufren daño con el paso del tiempo, pues se va corroyendo la lámina, por lo que es aconsejable que tras la lluvia se lave o bien, mantenerlo bajo techo.

“El patrimonio cultural también resulta dañado, como es el caso de las esculturas de mármol, cuyo componente reacciona a los ácidos de la lluvia, pudiendo llegar a disolverlo con los años”, ejemplifica.

Agrega que la lluvia ácida es un peligro silencioso, porque es transparente y los daños se ven a largo plazo.

“No nos damos cuenta de cuándo está más o menos ácida, lo que sí es cierto es que, con los avances industriales y la gran cantidad de autos, todo el tiempo se está produciendo lluvia ácida. Es un peligro silencioso, no se ve, no lo palpamos, pero el daño es evidente a largo plazo, porque es cuando comenzamos a ver los daños en nuestras casas, las plantas y en nosotros mismos”, indica.

En los seres humanos podemos notar como al inicio de las temporadas de lluvias, tras mojarnos solemos sentir comezón en la piel, lo cual sería una señal de esta presencia de ácidos.

¿Qué podemos hacer?

La especialista agrega que la población puede contribuir a que haya menos contaminación en el ambiente tanto con acciones a nivel individual como colectivas.

“Los automóviles más actuales ya tienen convertidor catalítico, lo cual ayuda mucho a evitar que estos contaminantes se vayan a la atmósfera; por ello el parque vehicular de una ciudad es importante, porque entre más antiguo sea, la contaminación será mayor”, indica.

 

 

La investigadora considera que el tiempo en el que se comienzan a ver daños en una ciudad grande va a depender de sus medidas ambientales, como el parque vehicular de sus autos y un control estricto de las emisiones de las industrias.

“Como ciudadanos podemos evitar el uso del automóvil lo más posible, porque finalmente, aunque sean modernos sí emiten algún grado de contaminación; hay que tratar de caminar, compartir el auto, usar transporte público o la bicicleta; también hay que plantar árboles, pues ellos nos ayudan a captar el CO2 que es uno de los precursores del ácido carbónico”, agrega.

El paso importante es concientizar a la población de usar menos energía, “no sólo para ahorrar en las facturas, sino porque al haber alto consumo, las plantas termoeléctricas tienen que utilizar combustible para producir esa energía, y esos combustibles son precursores de la lluvia ácida. Entre más energía usemos, las plantas industriales tienen que producir más y entonces más contaminación hay presente y así la lluvia ácida”.

Barrera Domínguez indica que se trata de realizar acciones que cuiden al medio ambiente, “debemos entender que se trata de mantener saludable al planeta, que es nuestra casa”.

De acuerdo con diversos estudios, indica que en la entidad ciudades como Coatzacoalcos y Poza Rica, donde hay mucha industrias y refinerías la exposición a lluvia ácida es mayor, pero ningún municipio se salva del fenómeno.

Cada vez que llueve van junto con el agua diversos contaminantes que van a caer directamente sobre nosotros/Foto: René Corrales | Diario de Xalapa

En la Facultad en donde está adscrita, la doctora investiga cómo reducir la presencia de azufre, carbono y nitrógeno en los combustibles de las gasolineras, y que son los que terminan en la lluvia, para ello diseña nanomateriales que contribuyen a la eliminación de azufre y nitrógeno en los combustibles fósiles.

También impulsa entre sus alumnos trabajos tendientes a la generación de energías amigables con el medio ambiente, como es el caso del biocombustible.

“La contaminación es un círculo en el que tenemos daños a la salud y medioambiente de manera permanente, y que se tiene que atacar como población desde nuestra trinchera. La lluvia ácida afecta en todos los ámbitos de la vida”, finaliza.

Xalapa, Ver.- Cuando el cielo comienza a nublarse solemos pensar en aquella ropa que dejamos tendida en la azotea, pues si llega a mojarse seguro terminará con un olor nada agradable, o incluso, si es blanca, es posible ver algunas manchas de lluvia, pero, ¿por qué si solo es agua? La causante es la lluvia ácida.

Aunque no lo sepamos, cada vez que llueve van junto con el agua diversos contaminantes que van a caer directamente sobre nosotros, las plantas, automóviles, casas y edificios, y de manera imperceptible causan daño.

María Concepción Barrera Domínguez, catedrática e investigadora de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Veracruzana (UV), campus Coatzacoalcos nos explica que la lluvia ácida es un tipo de contaminación que se produce a partir de los gases procedentes de los escapes de los automóviles, principalmente, pero también la origina la industria metalúrgica y termoeléctrica.

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Indica que en estas industrias se quema mucho combustible que contienen los precursores de la lluvia ácida: azufre, nitrógeno y CO2, los cuales “se emiten a la atmósfera, reaccionan con la humedad del aire y producen ácido: ácido sulfúrico, ácido nítrico y ácido carbónico; estos se diluyen en las gotitas de agua y es lo que cae con la lluvia, por eso se llama lluvia ácida”.

Ácidos ya son parte de la lluvia

La investigadora señala que la lluvia es ácida, pues todos los días hay contaminación en el ambiente.

"Puede que el ácido esté más concentrando al inicio de la temporada de lluvia, porque estos ácidos se van acumulando en las nubes y en la atmósfera. Mientras hay seca y no llueve, estos ácidos se van acumulando, por lo que la concentración es mucho mayor, por ello al principio de la temporada de lluvia esta agua lleva mucho ácido; conforme va lloviendo más va disminuyendo la cantidad de ácidos, pero siempre están presentes”, explica.

Es decir, ya que constantemente se están emitiendo a la atmósfera contaminantes, la lluvia siempre va a tener cierto grado de acidez. Agrega que en las grandes ciudades hay mucha más lluvia ácida que en las zonas rurales, donde casi no hay automóviles ni hay industria, pero no por ello se salva de este fenómeno, porque los vientos que mueven a las nubes llevan a estos lugares apartados la lluvia ácida.

Daños imperceptibles

Barrera Domínguez explica que tanto las personas como los demás seres vivos nos vemos expuestos “porque estos ácidos son corrosivos, entonces al tener contacto con ellos vamos a tener un daño a la salud”.

 

 

La investigadora enumera que en los seres vivos puede llegar a producir quemaduras en la piel de leves a graves y dañar nuestras vías respiratorias al inhalar la humedad de la lluvia.

Para las plantas también hay perjuicio, pues sus hojas se queman y la tierra absorbe estos ácidos, afectando que haya buena producción de plantas comestibles.

En cuanto al daño en las ciudades, Barrera Domínguez alerta que la lluvia ácida penetra en la porosidad del concreto, “si hay grietas, estos ácidos van corroyendo la parte metálica de las construcciones, lo que las varillas, por ejemplo, pueden llegar a colapsar los edificios por el daño a las estructuras”.

Indica que los automóviles también sufren daño con el paso del tiempo, pues se va corroyendo la lámina, por lo que es aconsejable que tras la lluvia se lave o bien, mantenerlo bajo techo.

“El patrimonio cultural también resulta dañado, como es el caso de las esculturas de mármol, cuyo componente reacciona a los ácidos de la lluvia, pudiendo llegar a disolverlo con los años”, ejemplifica.

Agrega que la lluvia ácida es un peligro silencioso, porque es transparente y los daños se ven a largo plazo.

“No nos damos cuenta de cuándo está más o menos ácida, lo que sí es cierto es que, con los avances industriales y la gran cantidad de autos, todo el tiempo se está produciendo lluvia ácida. Es un peligro silencioso, no se ve, no lo palpamos, pero el daño es evidente a largo plazo, porque es cuando comenzamos a ver los daños en nuestras casas, las plantas y en nosotros mismos”, indica.

En los seres humanos podemos notar como al inicio de las temporadas de lluvias, tras mojarnos solemos sentir comezón en la piel, lo cual sería una señal de esta presencia de ácidos.

¿Qué podemos hacer?

La especialista agrega que la población puede contribuir a que haya menos contaminación en el ambiente tanto con acciones a nivel individual como colectivas.

“Los automóviles más actuales ya tienen convertidor catalítico, lo cual ayuda mucho a evitar que estos contaminantes se vayan a la atmósfera; por ello el parque vehicular de una ciudad es importante, porque entre más antiguo sea, la contaminación será mayor”, indica.

 

 

La investigadora considera que el tiempo en el que se comienzan a ver daños en una ciudad grande va a depender de sus medidas ambientales, como el parque vehicular de sus autos y un control estricto de las emisiones de las industrias.

“Como ciudadanos podemos evitar el uso del automóvil lo más posible, porque finalmente, aunque sean modernos sí emiten algún grado de contaminación; hay que tratar de caminar, compartir el auto, usar transporte público o la bicicleta; también hay que plantar árboles, pues ellos nos ayudan a captar el CO2 que es uno de los precursores del ácido carbónico”, agrega.

El paso importante es concientizar a la población de usar menos energía, “no sólo para ahorrar en las facturas, sino porque al haber alto consumo, las plantas termoeléctricas tienen que utilizar combustible para producir esa energía, y esos combustibles son precursores de la lluvia ácida. Entre más energía usemos, las plantas industriales tienen que producir más y entonces más contaminación hay presente y así la lluvia ácida”.

Barrera Domínguez indica que se trata de realizar acciones que cuiden al medio ambiente, “debemos entender que se trata de mantener saludable al planeta, que es nuestra casa”.

De acuerdo con diversos estudios, indica que en la entidad ciudades como Coatzacoalcos y Poza Rica, donde hay mucha industrias y refinerías la exposición a lluvia ácida es mayor, pero ningún municipio se salva del fenómeno.

Cada vez que llueve van junto con el agua diversos contaminantes que van a caer directamente sobre nosotros/Foto: René Corrales | Diario de Xalapa

En la Facultad en donde está adscrita, la doctora investiga cómo reducir la presencia de azufre, carbono y nitrógeno en los combustibles de las gasolineras, y que son los que terminan en la lluvia, para ello diseña nanomateriales que contribuyen a la eliminación de azufre y nitrógeno en los combustibles fósiles.

También impulsa entre sus alumnos trabajos tendientes a la generación de energías amigables con el medio ambiente, como es el caso del biocombustible.

“La contaminación es un círculo en el que tenemos daños a la salud y medioambiente de manera permanente, y que se tiene que atacar como población desde nuestra trinchera. La lluvia ácida afecta en todos los ámbitos de la vida”, finaliza.

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