/ domingo 8 de noviembre de 2020

El Coronavirus vino a extender el problema del hambre

Trabajadora doméstica debe mantener a su padre y esposo con 300 pesos a la semana

Orizaba, Ver.-El confinamiento a raíz de la pandemia por SARS-CoV-2 desde hace siete meses puso en una situación excepcional a la familia Hernández Núñez, la de pasar las veinticuatro horas del día, juntos, en casa. Emelia es la mamá, viven con ella sus hijos Omar, Iliana y su nieta, Denis, pero a la hora de compartir alimentos llegan los de otras 3 familias que viven cerca para ahorrar en el gasto.

Su vivienda es de una sola planta, el cuarto más grande es comedor, sala y dormitorio, otro espacio reducido lo ocupan de cocina. A pesar de que la vivienda es antigua, luce en perfectas condiciones. Iliana, la más pequeña de siete hermanos, quien vive junto con su mamá y su hermano Omar, relata que si se llega a presentar alguna descompostura él arregla el desperfecto.

Cuentan con refrigerador, horno de microondas (que les regalaron descompuesto, pero Omar lo reparó), y estufa de gas.

En su alacena, donde guardan en una parte los utensilios de cocina, procuran tener también sopa de pasta, aceite, arroz y frijoles. En una caja aparte guardan las verduras y algunas frutas para comer a lo largo de la semana, unas, las compran en el mercado y otras, como el chayote, lo cultivan en una pequeña fracción del terreno fértil donde habitan.

Hasta antes de la pandemia, su alimentación, aunque sí incluía verduras porque algunos de los integrantes de la familia necesitan consumirlas, por padecer alguna enfermedad crónico degenerativa como diabetes e hipertensión, se permitían comer algún tipo de carne cuatro o cinco días de la semana. Ese hábito, cambió. Actualmente, su desayuno habitual es a base de café con pan y ocasionalmente huevo que preparan en forma variada o tal vez, un poco de la comida del día anterior o frijoles.

En la comida invierten cada día alrededor de 150 pesos si los alimentos no incluyen carne, de lo contrario requiere por lo menos 50 o cien pesos más. Los platillos que elabora Iliana o doña Emelia es preferentemente a base de verduras como el chayote, que cultivan en una pequeña hortaliza en su traspatio, lo mismo que hierbas de olor como condimento; otros productos del campo como calabaza, elote, zanahoria, papa y ejote, los adquieren en el mercado Emiliano Zapata a donde llegan productores de la región a vender sus productos.

Su comida la acompañan generalmente con tortillas de máquina porque es más barato que comprar tortillas de mano, y agua simple o de fruta. Para la cena es suficiente un vaso con leche y tacos de queso.

Mientras comen sentados a la pequeña mesa de la cocina, Omar e Iliana platican que hay ocasiones en que, sin que se lo pidan, Emelia, su mamá, cuenta la historia de alguno de los personajes que aparecen en las fotografías que recubren las paredes de su casa, principalmente de Alcides, su esposo que falleció hace algunos años.

Las cuatro personas que viven en su hogar guardan la cuarentena, que ya lleva más de 200 días. Sólo sale uno de ellos una vez a la semana para hacer las compras que se necesitan para la comida, lo que llegue a faltar lo piden a sus vecinos. Debido a que algunos de los integrantes de su familia resintieron la falta de trabajo, que les permita tener un ingreso fijo, decidieron unir esfuerzos para que a nadie le falte de comer. Es por ello que los gastos que genera la comida los solventan entre las tres familias, para aligerar la carga.

Foto: Eduardo Murillo | Diario de Xalapa

Los varones que se quedaron sin trabajo se las ingeniaron y uno de ellos hace compras, en moto, que le encargan vecinos y conocidos, con lo que obtiene un poco de recurso para aportar a los gastos diarios; otro con apoyo de su mamá y hermana prepara pambazos y vasos con fruta que vende entre los empleados que laboran o pasan por donde viven.

Sobreviven con 300 pesos a la semana

Míriam, quien es trabajadora doméstica, a partir de la pandemia del Covid-19 gana solo 300 pesos a la semana. Con eso deben comer su padre y esposo que están enfermos y aporta para la luz y el gas que subieron de precio. Lo que más comemos son huevos, acompañados de frijolitos y de vez en cuando huesos de pollo, pero a veces no alcanzan los 100 pesos que se disponen para la comida y entonces –dice Míriam Vélez Xel, quien vive cerca de Xalapa, entra la ayuda de los vecinos.

Su padre dejó de trabajar tras ser mordido por perros pitbull, su esposo tiene diabetes con meses sin laborar en la albañilería y ella no pierde la fe en que a partir de enero próximo la situación mejore. Tengo la esperanza de que a partir del próximo año la situación de mis empleadores mejore y pueda trabajar seis días a la semana con un pago de 150 pesos por día, me daría hasta para ahorrar, expresa Míriam.

Desde marzo, la mujer de 42 años pasó de ganar 900 pesos a la semana a solo 300, ya que cuatro de las seis casas a las que acudía a realizar la limpieza le cancelaron por el riesgo de contagio.

Sin indemnización, seguridad social, prestaciones o ahorros, ha tenido que hacer “milagros” para vivir con un tercio del salario que percibía.

Desde el principio del problema de la pandemia mis patronas me dijeron que no querían riesgo de contagio en sus casas. Me dijeron que también les estaba afectando a ellas la crisis y que había que tomar distancia, pero que ellas me llamaban después; de las seis casas a las que iba solo dos me llamaron para que regresara”, cuenta la mujer.

Al principio de la emergencia sanitaria y ante el riesgo complicaciones por padecer diabetes, el esposo de Míriam también dejó de trabajar y de percibir ingresos.

Ahora a casi siete meses del inicio de la cuarentena, la salud del hombre sigue complicada y hasta el momento no ha podido reintegrarse a sus trabajos de albañilería: “En toda la cuarentena no ha trabajado”.

Aunado a esto, desde hace casi tres meses Míriam ha tenido que hacerse cargo económicamente de su padre, Adrián Vélez Suárez, un hombre de 80 años que en julio pasado sufrió un ataque de dos perros pitbull que le mutilaron ambas orejas y le causaron la pérdida de un oído. “Después del ataque su patrón no lo corrió, así como tal, pero no le está pagando. Casi después del incidente le dejó de pagar y a partir de entonces soy la que me hago cargo de él”.

Comer con solo 100 pesos a la semana

Miriam y su esposo viven en una vivienda de material ubicada en la colonia Plan de la Cruz, una colonia del municipio de Coatepec en la zona del bosque de Niebla a unos metros de los límites con Xalapa. A pesar de que en esa misma casa viven su suegra y otros familiares de su esposo, todo se encuentra en silencio a esa hora de la tarde en la que Miriam espera a su padre con la puerta principal abierta.

Junto a su casa se ubica la de su padre quien hace unos meses quedó viudo y que tras el accidente comenzó a depender por completo de ella. Así, antes de irse a trabajar, la mujer desayuna con él y su esposo y al regresar prepara la comida. Los 300 pesos que Míriam gana a la semana tienen que rendir para las tres comidas de las tres personas que viven en la casa.

Ante este panorama, la alimentación de la familia se basa en tres productos principales: frijoles, arroz y huevos. La carne salió por completo de la canasta básica de la familia y su lugar lo ocupan las sopas, lentejas, verduras y queso.

Surtiéndose al día y buscando los productos más baratos en La Bodeguita, un negocio de abarrotes y semillas a granel ubicado en el camino que comunica a los municipios de Xalapa y Coatepec, es que Míriam logra alimentar a su familia. “Aquí lo que más consumimos es huevo, porque es más barato y se puede hacer de muchas formas. Todos los días pongo frijolitos porque esos sí no pueden faltar y de vez en cuando unos huesitos de pollo para cambiarle un poco”, dijo.

Sin un lugar formal como cocina, Miriam calienta para su padre los frijoles en una parrilla de dos quemadores que se ubica sobre la mesa que también se ocupa como comedor familiar. Ahí, en lo que espera el hervor cuenta que desde hace tiempo dejó de hacer despensa como tal. Los insumos para cocinar y los productos de limpieza los compra como se van acabando y los días que cobra suele ir a los mercados de Xalapa a comprar queso y verduras para que le salga más barato.

Pero no solo la falta de trabajo ha complicado la situación económica de la familia sino también el aumento en el precio de los servicios. En el caso del recibo de luz pasaron de pagar 350 pesos a 500 por bimestre y aunque ese monto se divide entre las demás personas que viven en la casa, el aumento implica un golpe fuerte a su bolsillo.

La economía no le permite llenar por completo el tanque de gas así que la estrategia para no tener que desembolsar tanto dinero es llevarlo a recargar con 200 pesos -lo equivalente a medio tanque- y este gasto les rinde para 2 meses usando la estufa de manera eficiente.

Hay días en los que no alcanza

Entrevistada en la sala de su casa, junto a su padre y sus dos gatos, Miríam reconoce que hay días en los que la economía no da para más y es cuando se tiene que recurrir a la caridad de los vecinos, que saben de la situación de la familia y los han acompañado en el proceso. “Hoy por ejemplo no tenía nada, lo que se dice nada, porque todavía no me pagan. Entonces mi papá me trajo unos chayotitos que le regalaron y también me trajo dos huevitos de rancho. Y les hice unos chayotes capeados con un arrocito y quedó bien rico. Para en la noche lo que sobró de la comida y así, hay que inventarle”.

Cuando la situación comenzó a tornarse más difícil, Miriam junto a su cuñada iniciaron un pequeño negocio de venta de comida afuera de su casa. Los fines de semana, las dos mujeres ofrecen empanadas, tostadas y gorditas para cenar.

La mujer señala que la venta no siempre es buena ya que son pocos los vecinos que hay en la zona que compran. Y es que la casa de la familia está ubicada en un sitio en donde pueden verse casas de escasos recursos junto a residencias habitadas o de descanso para familias de clases económicas altas.

Aquí el lugar es complicado porque hay pocos vecinos y los ‘riquillos’, como les decimos nosotros, no nos compran. Pero a veces nos va bien porque está buena la venta y podemos sacar lo invertido y además alcanza para que también comamos nosotros

A pesar de las dificultades, Míriam espera que la complicación económica se extienda solo unos cuantos meses más y que a partir de enero pueda conseguir otros trabajos de limpieza. Explica que con seis días de trabajo a 150 pesos por día la situación de la familia podría recuperarse y aumentar la calidad de vida de sus tres integrantes. Incluso, podría tener algo de ahorros para las emergencias.

Yo ya he estado buscando más días y espero que para enero le comience ir mejor a la gente y que pueda yo colocarme en otras casas para completar mi semana. La verdad es que tengo muchas esperanzas de que así sea”, concluye Mírima.

Con pensión ayuda a su familia en el puerto de Veracruz

María Antonia Ferrer es viuda y recibe una pensión mensual de $2,500 pesos con la que come, viste, paga servicios… y apoya para lo mismo a su hija y sus 2 nietos, pues su yerno se quedó sin trabajo por los recortes que causó la crisis por la pandemia de Covid-19.

La jarocha vive en su casita de madera en corazón del conocido barrio de La Huaca, que es la que ve su esfuerzo diario para salir adelante y vencer adversidades. Ahí es donde, los fines de semana, comen lo que queda de lunes a viernes, “lo hacemos todo junto”, expone.

A pesar de la situación, la mujer de 63 años no se da por vencida, para completar el gasto y que coma su familia, realiza trabajos de costura para los vecinos, ahora fabrica cubrebocas y vende productos de catálogos.

“Aparte de la pensión hago arreglos de ropa, debido a esta situación de la pandemia lo que he hecho son cubrebocas, aparte hago unos gorros para hospital, que he tenido demanda de los trabajadores del Hospital Regional, tengo una hija que trabaja ahí, le hice y ella es la que le han pedido”, narró.

Al mismo tiempo, ofrece productos por catálogo como maquillajes y artículos para el hogar, que van aportando otros pesos al gasto diario, aunque al igual que los trabajos de costura no representan un ingreso fijo y ahora menos por la contingencia sanitaria. María Antonia reside en su vivienda de madera de dos pisos, ubicada en uno de los patios del Barrio de la Huaca, en unos 40 metros cuadrados en donde se encuentran sus pertenencias distribuidas de la manera más compacta posible.

En el primer piso se puede observar un solo mueble que es ocupado para ver su televisión por ella y su familia o en su caso recibir a sus visitantes o clientes, en la parte de enfrente se encuentra su máquina de coser y un pequeño ropero de madera donde guarda sus costuras y material de trabajo, al lado se encuentra un sencillo comedor de madera con solo dos sillas, mientras que en la mesa hay un vaso y un plato con frijoles y otros artículos del hogar .

Con una cortina de tela de color gris, elaborada por la misma doña Antonia, la utiliza como separador de la recámara, cocina, su pequeña alacena de material de concreto y un pequeño patio del recibidor. Sentada en su comedor, la mujer cuenta que busca la carne más barata en las carnicerías del mercado Hidalgo o Unidad Veracruzana; le da para comprar carne de cerdo y de pollo, ya que son más baratas que la de res. La pensión que recibe María Antonia cada mes es el equivalente a $83 pesos diarios, lo que significa una cantidad menor al salario mínimo vigente para el 2020, que es de $ 123 pesos.

Indicó que el dinero le alcanza apenas para ir al supermercado para surtir su despensa los primeros días del mes, las siguientes semanas debe de estirarlo para el pago de servicios básicos.

Con información de Karla Cancino y Danitza Flores

Orizaba, Ver.-El confinamiento a raíz de la pandemia por SARS-CoV-2 desde hace siete meses puso en una situación excepcional a la familia Hernández Núñez, la de pasar las veinticuatro horas del día, juntos, en casa. Emelia es la mamá, viven con ella sus hijos Omar, Iliana y su nieta, Denis, pero a la hora de compartir alimentos llegan los de otras 3 familias que viven cerca para ahorrar en el gasto.

Su vivienda es de una sola planta, el cuarto más grande es comedor, sala y dormitorio, otro espacio reducido lo ocupan de cocina. A pesar de que la vivienda es antigua, luce en perfectas condiciones. Iliana, la más pequeña de siete hermanos, quien vive junto con su mamá y su hermano Omar, relata que si se llega a presentar alguna descompostura él arregla el desperfecto.

Cuentan con refrigerador, horno de microondas (que les regalaron descompuesto, pero Omar lo reparó), y estufa de gas.

En su alacena, donde guardan en una parte los utensilios de cocina, procuran tener también sopa de pasta, aceite, arroz y frijoles. En una caja aparte guardan las verduras y algunas frutas para comer a lo largo de la semana, unas, las compran en el mercado y otras, como el chayote, lo cultivan en una pequeña fracción del terreno fértil donde habitan.

Hasta antes de la pandemia, su alimentación, aunque sí incluía verduras porque algunos de los integrantes de la familia necesitan consumirlas, por padecer alguna enfermedad crónico degenerativa como diabetes e hipertensión, se permitían comer algún tipo de carne cuatro o cinco días de la semana. Ese hábito, cambió. Actualmente, su desayuno habitual es a base de café con pan y ocasionalmente huevo que preparan en forma variada o tal vez, un poco de la comida del día anterior o frijoles.

En la comida invierten cada día alrededor de 150 pesos si los alimentos no incluyen carne, de lo contrario requiere por lo menos 50 o cien pesos más. Los platillos que elabora Iliana o doña Emelia es preferentemente a base de verduras como el chayote, que cultivan en una pequeña hortaliza en su traspatio, lo mismo que hierbas de olor como condimento; otros productos del campo como calabaza, elote, zanahoria, papa y ejote, los adquieren en el mercado Emiliano Zapata a donde llegan productores de la región a vender sus productos.

Su comida la acompañan generalmente con tortillas de máquina porque es más barato que comprar tortillas de mano, y agua simple o de fruta. Para la cena es suficiente un vaso con leche y tacos de queso.

Mientras comen sentados a la pequeña mesa de la cocina, Omar e Iliana platican que hay ocasiones en que, sin que se lo pidan, Emelia, su mamá, cuenta la historia de alguno de los personajes que aparecen en las fotografías que recubren las paredes de su casa, principalmente de Alcides, su esposo que falleció hace algunos años.

Las cuatro personas que viven en su hogar guardan la cuarentena, que ya lleva más de 200 días. Sólo sale uno de ellos una vez a la semana para hacer las compras que se necesitan para la comida, lo que llegue a faltar lo piden a sus vecinos. Debido a que algunos de los integrantes de su familia resintieron la falta de trabajo, que les permita tener un ingreso fijo, decidieron unir esfuerzos para que a nadie le falte de comer. Es por ello que los gastos que genera la comida los solventan entre las tres familias, para aligerar la carga.

Foto: Eduardo Murillo | Diario de Xalapa

Los varones que se quedaron sin trabajo se las ingeniaron y uno de ellos hace compras, en moto, que le encargan vecinos y conocidos, con lo que obtiene un poco de recurso para aportar a los gastos diarios; otro con apoyo de su mamá y hermana prepara pambazos y vasos con fruta que vende entre los empleados que laboran o pasan por donde viven.

Sobreviven con 300 pesos a la semana

Míriam, quien es trabajadora doméstica, a partir de la pandemia del Covid-19 gana solo 300 pesos a la semana. Con eso deben comer su padre y esposo que están enfermos y aporta para la luz y el gas que subieron de precio. Lo que más comemos son huevos, acompañados de frijolitos y de vez en cuando huesos de pollo, pero a veces no alcanzan los 100 pesos que se disponen para la comida y entonces –dice Míriam Vélez Xel, quien vive cerca de Xalapa, entra la ayuda de los vecinos.

Su padre dejó de trabajar tras ser mordido por perros pitbull, su esposo tiene diabetes con meses sin laborar en la albañilería y ella no pierde la fe en que a partir de enero próximo la situación mejore. Tengo la esperanza de que a partir del próximo año la situación de mis empleadores mejore y pueda trabajar seis días a la semana con un pago de 150 pesos por día, me daría hasta para ahorrar, expresa Míriam.

Desde marzo, la mujer de 42 años pasó de ganar 900 pesos a la semana a solo 300, ya que cuatro de las seis casas a las que acudía a realizar la limpieza le cancelaron por el riesgo de contagio.

Sin indemnización, seguridad social, prestaciones o ahorros, ha tenido que hacer “milagros” para vivir con un tercio del salario que percibía.

Desde el principio del problema de la pandemia mis patronas me dijeron que no querían riesgo de contagio en sus casas. Me dijeron que también les estaba afectando a ellas la crisis y que había que tomar distancia, pero que ellas me llamaban después; de las seis casas a las que iba solo dos me llamaron para que regresara”, cuenta la mujer.

Al principio de la emergencia sanitaria y ante el riesgo complicaciones por padecer diabetes, el esposo de Míriam también dejó de trabajar y de percibir ingresos.

Ahora a casi siete meses del inicio de la cuarentena, la salud del hombre sigue complicada y hasta el momento no ha podido reintegrarse a sus trabajos de albañilería: “En toda la cuarentena no ha trabajado”.

Aunado a esto, desde hace casi tres meses Míriam ha tenido que hacerse cargo económicamente de su padre, Adrián Vélez Suárez, un hombre de 80 años que en julio pasado sufrió un ataque de dos perros pitbull que le mutilaron ambas orejas y le causaron la pérdida de un oído. “Después del ataque su patrón no lo corrió, así como tal, pero no le está pagando. Casi después del incidente le dejó de pagar y a partir de entonces soy la que me hago cargo de él”.

Comer con solo 100 pesos a la semana

Miriam y su esposo viven en una vivienda de material ubicada en la colonia Plan de la Cruz, una colonia del municipio de Coatepec en la zona del bosque de Niebla a unos metros de los límites con Xalapa. A pesar de que en esa misma casa viven su suegra y otros familiares de su esposo, todo se encuentra en silencio a esa hora de la tarde en la que Miriam espera a su padre con la puerta principal abierta.

Junto a su casa se ubica la de su padre quien hace unos meses quedó viudo y que tras el accidente comenzó a depender por completo de ella. Así, antes de irse a trabajar, la mujer desayuna con él y su esposo y al regresar prepara la comida. Los 300 pesos que Míriam gana a la semana tienen que rendir para las tres comidas de las tres personas que viven en la casa.

Ante este panorama, la alimentación de la familia se basa en tres productos principales: frijoles, arroz y huevos. La carne salió por completo de la canasta básica de la familia y su lugar lo ocupan las sopas, lentejas, verduras y queso.

Surtiéndose al día y buscando los productos más baratos en La Bodeguita, un negocio de abarrotes y semillas a granel ubicado en el camino que comunica a los municipios de Xalapa y Coatepec, es que Míriam logra alimentar a su familia. “Aquí lo que más consumimos es huevo, porque es más barato y se puede hacer de muchas formas. Todos los días pongo frijolitos porque esos sí no pueden faltar y de vez en cuando unos huesitos de pollo para cambiarle un poco”, dijo.

Sin un lugar formal como cocina, Miriam calienta para su padre los frijoles en una parrilla de dos quemadores que se ubica sobre la mesa que también se ocupa como comedor familiar. Ahí, en lo que espera el hervor cuenta que desde hace tiempo dejó de hacer despensa como tal. Los insumos para cocinar y los productos de limpieza los compra como se van acabando y los días que cobra suele ir a los mercados de Xalapa a comprar queso y verduras para que le salga más barato.

Pero no solo la falta de trabajo ha complicado la situación económica de la familia sino también el aumento en el precio de los servicios. En el caso del recibo de luz pasaron de pagar 350 pesos a 500 por bimestre y aunque ese monto se divide entre las demás personas que viven en la casa, el aumento implica un golpe fuerte a su bolsillo.

La economía no le permite llenar por completo el tanque de gas así que la estrategia para no tener que desembolsar tanto dinero es llevarlo a recargar con 200 pesos -lo equivalente a medio tanque- y este gasto les rinde para 2 meses usando la estufa de manera eficiente.

Hay días en los que no alcanza

Entrevistada en la sala de su casa, junto a su padre y sus dos gatos, Miríam reconoce que hay días en los que la economía no da para más y es cuando se tiene que recurrir a la caridad de los vecinos, que saben de la situación de la familia y los han acompañado en el proceso. “Hoy por ejemplo no tenía nada, lo que se dice nada, porque todavía no me pagan. Entonces mi papá me trajo unos chayotitos que le regalaron y también me trajo dos huevitos de rancho. Y les hice unos chayotes capeados con un arrocito y quedó bien rico. Para en la noche lo que sobró de la comida y así, hay que inventarle”.

Cuando la situación comenzó a tornarse más difícil, Miriam junto a su cuñada iniciaron un pequeño negocio de venta de comida afuera de su casa. Los fines de semana, las dos mujeres ofrecen empanadas, tostadas y gorditas para cenar.

La mujer señala que la venta no siempre es buena ya que son pocos los vecinos que hay en la zona que compran. Y es que la casa de la familia está ubicada en un sitio en donde pueden verse casas de escasos recursos junto a residencias habitadas o de descanso para familias de clases económicas altas.

Aquí el lugar es complicado porque hay pocos vecinos y los ‘riquillos’, como les decimos nosotros, no nos compran. Pero a veces nos va bien porque está buena la venta y podemos sacar lo invertido y además alcanza para que también comamos nosotros

A pesar de las dificultades, Míriam espera que la complicación económica se extienda solo unos cuantos meses más y que a partir de enero pueda conseguir otros trabajos de limpieza. Explica que con seis días de trabajo a 150 pesos por día la situación de la familia podría recuperarse y aumentar la calidad de vida de sus tres integrantes. Incluso, podría tener algo de ahorros para las emergencias.

Yo ya he estado buscando más días y espero que para enero le comience ir mejor a la gente y que pueda yo colocarme en otras casas para completar mi semana. La verdad es que tengo muchas esperanzas de que así sea”, concluye Mírima.

Con pensión ayuda a su familia en el puerto de Veracruz

María Antonia Ferrer es viuda y recibe una pensión mensual de $2,500 pesos con la que come, viste, paga servicios… y apoya para lo mismo a su hija y sus 2 nietos, pues su yerno se quedó sin trabajo por los recortes que causó la crisis por la pandemia de Covid-19.

La jarocha vive en su casita de madera en corazón del conocido barrio de La Huaca, que es la que ve su esfuerzo diario para salir adelante y vencer adversidades. Ahí es donde, los fines de semana, comen lo que queda de lunes a viernes, “lo hacemos todo junto”, expone.

A pesar de la situación, la mujer de 63 años no se da por vencida, para completar el gasto y que coma su familia, realiza trabajos de costura para los vecinos, ahora fabrica cubrebocas y vende productos de catálogos.

“Aparte de la pensión hago arreglos de ropa, debido a esta situación de la pandemia lo que he hecho son cubrebocas, aparte hago unos gorros para hospital, que he tenido demanda de los trabajadores del Hospital Regional, tengo una hija que trabaja ahí, le hice y ella es la que le han pedido”, narró.

Al mismo tiempo, ofrece productos por catálogo como maquillajes y artículos para el hogar, que van aportando otros pesos al gasto diario, aunque al igual que los trabajos de costura no representan un ingreso fijo y ahora menos por la contingencia sanitaria. María Antonia reside en su vivienda de madera de dos pisos, ubicada en uno de los patios del Barrio de la Huaca, en unos 40 metros cuadrados en donde se encuentran sus pertenencias distribuidas de la manera más compacta posible.

En el primer piso se puede observar un solo mueble que es ocupado para ver su televisión por ella y su familia o en su caso recibir a sus visitantes o clientes, en la parte de enfrente se encuentra su máquina de coser y un pequeño ropero de madera donde guarda sus costuras y material de trabajo, al lado se encuentra un sencillo comedor de madera con solo dos sillas, mientras que en la mesa hay un vaso y un plato con frijoles y otros artículos del hogar .

Con una cortina de tela de color gris, elaborada por la misma doña Antonia, la utiliza como separador de la recámara, cocina, su pequeña alacena de material de concreto y un pequeño patio del recibidor. Sentada en su comedor, la mujer cuenta que busca la carne más barata en las carnicerías del mercado Hidalgo o Unidad Veracruzana; le da para comprar carne de cerdo y de pollo, ya que son más baratas que la de res. La pensión que recibe María Antonia cada mes es el equivalente a $83 pesos diarios, lo que significa una cantidad menor al salario mínimo vigente para el 2020, que es de $ 123 pesos.

Indicó que el dinero le alcanza apenas para ir al supermercado para surtir su despensa los primeros días del mes, las siguientes semanas debe de estirarlo para el pago de servicios básicos.

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