/ lunes 10 de mayo de 2021

Historias de madres que conmueven; perdonan todo

Estas historias te demostrarán hasta dónde puede llegar el amor de las madres por sus hijos

Veracruz, Ver.- Desde hace un año el comedor de la casa de Magdany Utrera Guevara se convirtió en su oficina, la sala en el área de juegos de sus hijas y un tiempo diario de 24 horas se ve obligada a desempeñar varios roles desde directora de un plantel escolar, maestra, mamá, esposa, cocinera y mantener el orden y la limpieza en el hogar.

Desde el inicio de la pandemia del Covid-19 el trabajo se cuadriplicó para todas aquellas maestras que además son mamás pues tienen que atender a sus alumnos sin desatender a sus propios hijos quienes también son alumnos de otros maestros.

Magdany es directora del jardín de niños Enrique Pestalozzi ubicado en la localidad de Plan de Manantial perteneciente al municipio de Paso de Ovejas y aunque por ahora no está al frente de un grupo, en casa es la maestra de sus hijas, Jiovanna y Arianna de 10 y 6 años, respectivamente.

El comedor ahora es su escritorio y el pupitre de sus hijas, está lleno de papeles, cartulinas, trabajos escolares, colores, lápices, plumas y todo lo necesario para que ella y sus hijas realicen sus actividades en línea.

Cada día, se ha convertido en un reto y por momentos realiza hasta tres actividades al mismo tiempo, todo desde el hogar, siguiendo las recomendaciones de las autoridades.

“Todo ha sido muy complicado en esta pandemia, cambió la rutina, nuestros roles, como mamá de dos niños y ha sido muy difícil desenvolverse como madre, maestra, como parte de la dirección, a pesar de que las clases no son presenciales hay que entregar documentación diaria, revisar planeaciones, realizar diagnóstico y en ese momento una de mis hijas requiere de mi atención porque no le entiende a un tema y dejo hacer mi trabajo por atenderla pero al mismo tiempo ya debo estar pensando en preparar el desayuno o almuerzo y se me juntan todas las actividades, al principio desespera pero poco a poco te vas organizando, finalmente el día tiene 24 horas y hay que hacerlo rendir", relató.

Por varios meses además de todo el trabajo acumulado, pasó a ser la jefa de familia pues la pandemia obligó al cierre de muchos negocios y con esto su esposo Juan se quedó sin trabajo por lo que su sueldo era estirado para cumplir con el gasto de alimentos y necesidades que iban surgiendo.

“En la parte económica también vivimos complicaciones porque mi esposo estuvo desempleado muchos meses y luego encontró un empleo, pero con muy pocas horas de trabajo”, comentó.

Acostumbradas a sus actividades diarias de juegos y paseos, las pequeñas hijas de Magdany empezaron a sufrir los estragos del confinamiento y por momentos la convivencia empezó a complicarse.

“Los hijos al estar en casa al no tener sus actividades recreativas llegan a inquietarse a tener mucha ansiedad, se desesperan por estar en casa y tuvimos que buscar actividades para mantenerlas ocupadas, la sala se convirtió en el salón de juegos, aprovechamos el tiempo de descanso de mi esposo para idear dinámicas en el patio para superar el aislamiento”, mencionó.

Aunque el regreso a clases presenciales se siente muy cerca con la vacunación a los maestros, este tiempo de confinamiento ha dejado muchas reflexiones para cada uno de estos.

“Nos quedamos con muchas reflexiones, muchos aprendizajes nos preocupamos tanto en que nuestros hijos aprendieran que dejamos a un lado la parte emocional y los niños han sido muy valientes para soportar toda esta situación y salir adelante, ellos están felices de compartir más tiempo con sus papás, de que papá y mamá trabajen desde casa y los atiendan al 100 por ciento, que juguemos más con ellos, que pasemos más tiempo”, destacó.

Aunque la corrió su hijo de casa, lo sigue amando

Luego de algunos años, infinidad de oraciones y abundantes lágrimas, el corazón de Rosario Canseco Méndez ha sanado. El perdón trajo a su alma y cuerpo sanidad.

Un día, su hijo acompañado por su esposa, entraron a su casa de la cual la sacaron con insultos y de la noche a la mañana se quedó sin un techo, sin embargo lo que más le dolió fue perder a su hijo.

Ella es madre de dos jóvenes, hombre y mujer, por quienes y para quienes ha vivido, luego se agregaron sus nietas, una de cada hijo, a las que arropó en su casa y en su vida como si hubieran nacido de ella.

Hoy Rosario puede hablar del tema sin llorar. No le ha dolido perder la casa en la que vivió por más de 30 años, le hirió profundamente la actitud de su muchacho con quien no tiene ningún contacto luego que fuera despojada de su hogar.

Sin entrar en detalles, recuerda que a ambos hijos los crió con el mismo amor, les dio las mismas atenciones, lo que su economía le permitía para que estudiaran y se desarrollaran. Ellos hicieron su vida, se fueron a vivir con sus respectivas parejas, pero nunca perdió el contacto con ellos pues sus nietas los acercaron. Él terminó su relación con la madre de su primera hija y se fue a buscar suerte a la frontera de México con Estados Unidos, de donde a los años regresó con una nueva pareja con la que estableció una relación cordial, sin embargo no aceptó que vivieran en su casa y aunque a su hijo no le pareció, respetó su decisión.

Con relativa frecuencia la visitaban y su hijo insistía en que la casa era muy grande para ella sola, que le caería bien su compañía, por lo que acabó cediendo. Al principio todo iba bien, pero al cabo de los meses empezó a ser tratada como una extraña en su propia casa, asegura. Le ponían mala cara, no podía tomar alimentos de los que ellos adquirían y cada vez había más discusiones entre la pareja, en las que ella no se metía y se refugiaba en su recámara o se salía.

No pasaron ni cinco meses cuando una mañana al regresar del mercado, ambos la empezaron a insultar, a decirle palabras crueles y a correrla; estaba en shock por lo que sólo atinó a salirse.

Mujer frágil, pero con entereza de hierro, Rosario, tras salir de la depresión que la alejó de la realidad por varios meses, se puso “las pilas” y empezó a trabajar nuevamente en sus ventas. Tiene el don de vender todo y de todo, lo mismo ropa, que bisutería, cremas, lociones y mucho más. Su auto siempre está lleno de los más diversos productos que ofrece a conocidos y desconocidos.

En pocos años ha logrado hacerse de un terreno en el que planea construir una vivienda donde pueda recibir a sus nietas e hija que son su adoración.

No sabe qué pasará con su hijo, a quien no ha vuelto a ver desde entonces, sólo sabe que lo ha perdonado, y que eso le permite vivir ahora sin rencor. “Dios me ha bendecido con amigos que me dieron un lugar donde vivir, que me cuidaron cuando no estaba en condiciones de hacerlo yo misma. Ahora ya puedo pagar renta y además un terreno en el que haré una casita muy pronto”, asegura Rosario, quien pasará el diez de mayo con su mamá, sus dos nietas y su hija.

Difícil ser mamá en pandemia

El contacto físico con otros niños, así como los juegos en espacios abiertos como parques, donde su hija pueda interactuar con niños de su edad es lo que más ha extrañado durante el año de pandemia Carla Estefanía, pues la niña de poco más de un año no había tenido oportunidad de interactuar con niños a los que al ver toca, mientras que en su carita se dibuja un gesto de sorpresa.

La joven, quien se estrenó como mamá el 25 de enero de 2020, por motivos personales ha tenido que hacer varios viajes durante el año pasado y éste, en los que para proteger a su pequeña tuvo que desinfectar los asientos del autobús, le cubrió la carita con una sábana mientras dormía y ella se abstuvo de comer y tomar líquidos durante más de diez horas para no tener necesidad de ocupar el sanitario.

Le ha resultado muy difícil sacarla de casa para llevarla a consulta médica, revisión y a la aplicación de las vacunas, así como al Registro Civil donde la registró, pues siempre existía el peligro de contagiarse de Covid-19, lo que la ponía muy nerviosa.

El primer año de vida de su hija Carla Estefanía ha aprendido a ser paciente y a tener confianza en que sus cuidados y atención han sido buenos para evitar que ambas puedan enfermar y cuando por alguna razón la pequeña ha enfermado siempre le queda la duda sobre qué hubiera podido hacer mejor para que eso no sucediera.

Por otro lado, ha aprendido a hacer de la higiene un aliado para evitar cualquier infección, pues si antes tenía cuidado ahora ha duplicado las acciones con el lavado de frutas, legumbres, ropa, zapatos, pisos donde la niña que empieza a caminar se sienta o toca para levantarse.

Para suplir la interacción de su hija con otros niños en la calle o parques, ha adquirido diversos juegos y juguetes para enseñarle las texturas; asimismo aprovecha la hora del baño para jugar y pasar más tiempo juntas, ahí le da tiempo para que experimente con sus manos y aprenda palabras nuevas. Trata de esta manera suplir lo que la niña no puede aprender fuera de su casa.

Asimismo se ha dado tiempo para buscar espacios y horarios en los que de vez en cuando puedan salir juntas a caminar, por algunas zonas donde no hay mucha gente y en horarios en los que regularmente no hay gente en la calle, pues los parques continúan cerrados y tampoco pueden asistir a tiendas o centros comerciales.

El tener que criar a su hija en condiciones de pandemia le ha dado una mente abierta para aprender cómo ser una mamá que le enseñe lo que de momento no puede experimentar afuera, de ahí que lo que más extrañe es disfrutar de un tiempo en un parque donde puedan pasear y jugar.

Concluyó que a pesar de haber pasado mucho tiempo sola con ella, a la niña no le resulta difícil socializar, aunque sí le sorprendió conocer a sus primos, a los que podía tocar y tener contacto físico estrecho pues era algo que nunca había experimentado.

Con informacion de Celia Gayosso | Diario de Xalapa

Veracruz, Ver.- Desde hace un año el comedor de la casa de Magdany Utrera Guevara se convirtió en su oficina, la sala en el área de juegos de sus hijas y un tiempo diario de 24 horas se ve obligada a desempeñar varios roles desde directora de un plantel escolar, maestra, mamá, esposa, cocinera y mantener el orden y la limpieza en el hogar.

Desde el inicio de la pandemia del Covid-19 el trabajo se cuadriplicó para todas aquellas maestras que además son mamás pues tienen que atender a sus alumnos sin desatender a sus propios hijos quienes también son alumnos de otros maestros.

Magdany es directora del jardín de niños Enrique Pestalozzi ubicado en la localidad de Plan de Manantial perteneciente al municipio de Paso de Ovejas y aunque por ahora no está al frente de un grupo, en casa es la maestra de sus hijas, Jiovanna y Arianna de 10 y 6 años, respectivamente.

El comedor ahora es su escritorio y el pupitre de sus hijas, está lleno de papeles, cartulinas, trabajos escolares, colores, lápices, plumas y todo lo necesario para que ella y sus hijas realicen sus actividades en línea.

Cada día, se ha convertido en un reto y por momentos realiza hasta tres actividades al mismo tiempo, todo desde el hogar, siguiendo las recomendaciones de las autoridades.

“Todo ha sido muy complicado en esta pandemia, cambió la rutina, nuestros roles, como mamá de dos niños y ha sido muy difícil desenvolverse como madre, maestra, como parte de la dirección, a pesar de que las clases no son presenciales hay que entregar documentación diaria, revisar planeaciones, realizar diagnóstico y en ese momento una de mis hijas requiere de mi atención porque no le entiende a un tema y dejo hacer mi trabajo por atenderla pero al mismo tiempo ya debo estar pensando en preparar el desayuno o almuerzo y se me juntan todas las actividades, al principio desespera pero poco a poco te vas organizando, finalmente el día tiene 24 horas y hay que hacerlo rendir", relató.

Por varios meses además de todo el trabajo acumulado, pasó a ser la jefa de familia pues la pandemia obligó al cierre de muchos negocios y con esto su esposo Juan se quedó sin trabajo por lo que su sueldo era estirado para cumplir con el gasto de alimentos y necesidades que iban surgiendo.

“En la parte económica también vivimos complicaciones porque mi esposo estuvo desempleado muchos meses y luego encontró un empleo, pero con muy pocas horas de trabajo”, comentó.

Acostumbradas a sus actividades diarias de juegos y paseos, las pequeñas hijas de Magdany empezaron a sufrir los estragos del confinamiento y por momentos la convivencia empezó a complicarse.

“Los hijos al estar en casa al no tener sus actividades recreativas llegan a inquietarse a tener mucha ansiedad, se desesperan por estar en casa y tuvimos que buscar actividades para mantenerlas ocupadas, la sala se convirtió en el salón de juegos, aprovechamos el tiempo de descanso de mi esposo para idear dinámicas en el patio para superar el aislamiento”, mencionó.

Aunque el regreso a clases presenciales se siente muy cerca con la vacunación a los maestros, este tiempo de confinamiento ha dejado muchas reflexiones para cada uno de estos.

“Nos quedamos con muchas reflexiones, muchos aprendizajes nos preocupamos tanto en que nuestros hijos aprendieran que dejamos a un lado la parte emocional y los niños han sido muy valientes para soportar toda esta situación y salir adelante, ellos están felices de compartir más tiempo con sus papás, de que papá y mamá trabajen desde casa y los atiendan al 100 por ciento, que juguemos más con ellos, que pasemos más tiempo”, destacó.

Aunque la corrió su hijo de casa, lo sigue amando

Luego de algunos años, infinidad de oraciones y abundantes lágrimas, el corazón de Rosario Canseco Méndez ha sanado. El perdón trajo a su alma y cuerpo sanidad.

Un día, su hijo acompañado por su esposa, entraron a su casa de la cual la sacaron con insultos y de la noche a la mañana se quedó sin un techo, sin embargo lo que más le dolió fue perder a su hijo.

Ella es madre de dos jóvenes, hombre y mujer, por quienes y para quienes ha vivido, luego se agregaron sus nietas, una de cada hijo, a las que arropó en su casa y en su vida como si hubieran nacido de ella.

Hoy Rosario puede hablar del tema sin llorar. No le ha dolido perder la casa en la que vivió por más de 30 años, le hirió profundamente la actitud de su muchacho con quien no tiene ningún contacto luego que fuera despojada de su hogar.

Sin entrar en detalles, recuerda que a ambos hijos los crió con el mismo amor, les dio las mismas atenciones, lo que su economía le permitía para que estudiaran y se desarrollaran. Ellos hicieron su vida, se fueron a vivir con sus respectivas parejas, pero nunca perdió el contacto con ellos pues sus nietas los acercaron. Él terminó su relación con la madre de su primera hija y se fue a buscar suerte a la frontera de México con Estados Unidos, de donde a los años regresó con una nueva pareja con la que estableció una relación cordial, sin embargo no aceptó que vivieran en su casa y aunque a su hijo no le pareció, respetó su decisión.

Con relativa frecuencia la visitaban y su hijo insistía en que la casa era muy grande para ella sola, que le caería bien su compañía, por lo que acabó cediendo. Al principio todo iba bien, pero al cabo de los meses empezó a ser tratada como una extraña en su propia casa, asegura. Le ponían mala cara, no podía tomar alimentos de los que ellos adquirían y cada vez había más discusiones entre la pareja, en las que ella no se metía y se refugiaba en su recámara o se salía.

No pasaron ni cinco meses cuando una mañana al regresar del mercado, ambos la empezaron a insultar, a decirle palabras crueles y a correrla; estaba en shock por lo que sólo atinó a salirse.

Mujer frágil, pero con entereza de hierro, Rosario, tras salir de la depresión que la alejó de la realidad por varios meses, se puso “las pilas” y empezó a trabajar nuevamente en sus ventas. Tiene el don de vender todo y de todo, lo mismo ropa, que bisutería, cremas, lociones y mucho más. Su auto siempre está lleno de los más diversos productos que ofrece a conocidos y desconocidos.

En pocos años ha logrado hacerse de un terreno en el que planea construir una vivienda donde pueda recibir a sus nietas e hija que son su adoración.

No sabe qué pasará con su hijo, a quien no ha vuelto a ver desde entonces, sólo sabe que lo ha perdonado, y que eso le permite vivir ahora sin rencor. “Dios me ha bendecido con amigos que me dieron un lugar donde vivir, que me cuidaron cuando no estaba en condiciones de hacerlo yo misma. Ahora ya puedo pagar renta y además un terreno en el que haré una casita muy pronto”, asegura Rosario, quien pasará el diez de mayo con su mamá, sus dos nietas y su hija.

Difícil ser mamá en pandemia

El contacto físico con otros niños, así como los juegos en espacios abiertos como parques, donde su hija pueda interactuar con niños de su edad es lo que más ha extrañado durante el año de pandemia Carla Estefanía, pues la niña de poco más de un año no había tenido oportunidad de interactuar con niños a los que al ver toca, mientras que en su carita se dibuja un gesto de sorpresa.

La joven, quien se estrenó como mamá el 25 de enero de 2020, por motivos personales ha tenido que hacer varios viajes durante el año pasado y éste, en los que para proteger a su pequeña tuvo que desinfectar los asientos del autobús, le cubrió la carita con una sábana mientras dormía y ella se abstuvo de comer y tomar líquidos durante más de diez horas para no tener necesidad de ocupar el sanitario.

Le ha resultado muy difícil sacarla de casa para llevarla a consulta médica, revisión y a la aplicación de las vacunas, así como al Registro Civil donde la registró, pues siempre existía el peligro de contagiarse de Covid-19, lo que la ponía muy nerviosa.

El primer año de vida de su hija Carla Estefanía ha aprendido a ser paciente y a tener confianza en que sus cuidados y atención han sido buenos para evitar que ambas puedan enfermar y cuando por alguna razón la pequeña ha enfermado siempre le queda la duda sobre qué hubiera podido hacer mejor para que eso no sucediera.

Por otro lado, ha aprendido a hacer de la higiene un aliado para evitar cualquier infección, pues si antes tenía cuidado ahora ha duplicado las acciones con el lavado de frutas, legumbres, ropa, zapatos, pisos donde la niña que empieza a caminar se sienta o toca para levantarse.

Para suplir la interacción de su hija con otros niños en la calle o parques, ha adquirido diversos juegos y juguetes para enseñarle las texturas; asimismo aprovecha la hora del baño para jugar y pasar más tiempo juntas, ahí le da tiempo para que experimente con sus manos y aprenda palabras nuevas. Trata de esta manera suplir lo que la niña no puede aprender fuera de su casa.

Asimismo se ha dado tiempo para buscar espacios y horarios en los que de vez en cuando puedan salir juntas a caminar, por algunas zonas donde no hay mucha gente y en horarios en los que regularmente no hay gente en la calle, pues los parques continúan cerrados y tampoco pueden asistir a tiendas o centros comerciales.

El tener que criar a su hija en condiciones de pandemia le ha dado una mente abierta para aprender cómo ser una mamá que le enseñe lo que de momento no puede experimentar afuera, de ahí que lo que más extrañe es disfrutar de un tiempo en un parque donde puedan pasear y jugar.

Concluyó que a pesar de haber pasado mucho tiempo sola con ella, a la niña no le resulta difícil socializar, aunque sí le sorprendió conocer a sus primos, a los que podía tocar y tener contacto físico estrecho pues era algo que nunca había experimentado.

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