/ lunes 5 de octubre de 2020

No le gustó estudiar, pero Cri-Cri es inmortal en Orizaba y México

Francisco vio que la escuela no le ofrecía las oportunidades que tenían los libros o las bibliotecas

ORIZABA, Ver.- Francisco Gabilondo Soler, el compositor de canciones infantiles más importante del país. El manifestó en sus composiciones un profundo respeto a la mujer, a los adultos mayores e incluso a los animales y así lo expresó en canciones como La Patita, El ropero y Los palomos.

Óscar Gabilondo Vizcaíno, su nieto, recuerda el respeto y admiración que tenía su abuelo Panchito, como le decían de cariño, a su abuelo, el coronel José Antonio Soler del Mazo, quien fue héroe de guerra y formó parte del batallón de Juan Ignacio Prim, durante el periodo de Benito Juárez. A él le tocó primero tomar Orizaba y después expulsar a los franceses. Aquí se quedó, vivió, falleció y está enterrado en la Pluviosilla.

“Mi tatarabuelo quedó inmortalizado con aquella canción que dice: ¡Ay qué bonita espada de mi abuelito el Coronel…!, es nada más y nada menos que el coronel José Antonio Soler del Mazo”, recuerda.

La canción del Ropero, que entona a media voz: “Toma el llavero abuelita y enséñame tu ropero”, aún existe. Emilia Fernández Flores, esposa del coronel, abuelita de Francisco Gabilondo fue también inmortalizada con esa canción.

“Mi tatarabuela fue la musa de la inspiración de muchas de las canciones. Ella se encargaba de cuidar a su nieto porque mis abuelos, Tiburcio y Emilia, se divorciaron y el acuerdo fue que la hermana de abuelo se iba a vivir con su mamá y él se quedó a vivir con su papá”.

La relación de don Tiburcio era buena con los papás de su exesposa, por lo que todas las tardes llevaba a Panchito a casa de su abuela. “Fue en su regazo, entre las pláticas, el ropero y el buen oficio de contar cuentos de mi tatarabuela que comenzó a nacer Cri-crí, el Grillito cantor”, apuntó.

CURSÓ SOLO LA PRIMARIA

Francisco Gabilondo Soler cursó solamente hasta el sexto grado de primaria en una escuela cercana a donde hoy se ubica el Palacio Municipal. “Mi abuelo se sentía un poco avergonzado de que le habían puesto a esa escuela Francisco Gabilondo Soler porque originalmente llevaba el nombre de un gran pedagogo mexicano, Manuel Oropeza”.

No continuó sus estudios porque no le gustara estudiar, sin embargo, vio que la escuela no le ofrecía las oportunidades que tenían los libros, las bibliotecas. De tal manera que cuentos, relatos e historias de Emilio Salgari, Julio Verne, los hermanos Grimm, Hans Christian Andersen, fueron sus compañeros inseparables.

Leía historias que tenían que ver con la ficción, el cuento, pero también con la realidad, como Julio Verne y Emilio Salgari que no estaba muy errado en las rutas del mismo barco que siempre salía en sus narraciones de Sandokan, el legendario pirata.

Así creció Francisco Gabilondo Soler, yéndose al Cerro del Borrego con sus libros a leer y, entre líneas y líneas, veía cómo los animales crecían y aprendían en el mismo entorno en el que él iba a estudiar. Ahí nació el Caminito de la Escuela.

“El entorno en el que se desarrolló quedó plasmado también en sus canciones. Los ríos que hay en la ciudad, igual le dieron vida al Chorrito, pero también a otros cuentos cantados como aquel que dice: Un barquito de cáscara de nuez..., y que seguramente en esas aguas se fue navegando hasta el mar”.

Agrega que obras como La Acuarela tienen que ver con las casitas de Veracruz. Incluso le escribió una canción a su estado, como aquella del Puerto en la que cita a su gran amigo el Flaco, el maestro Agustín Lara; en esa canción habla de las palmeras agachadas y habla del puerto de Veracruz.

Gabilondo Vizcaíno subraya que todas las historias que canta Francisco Gabilondo nacieron en Orizaba, como la de los Palomos… “Van los novios en camino a la iglesia del lugar…”, eran las palomas que como todos tenían los mismos derechos a casarse en las hermosas iglesias de Orizaba.

MERECÍAN RESPETO

Fue en esta ciudad donde Gabilondo Soler conoció a quien sería su esposa, Rosario Patiño, con quien se casó a escondidas porque en la época, de la lucha Cristera, estaban prohibidas las bodas.

Ella también fue su musa y se le recordará como La Patita, pues también a ella le tocó apoyar para llevar “los centavitos a la casa”.

Francisco Gabilondo le dio vida incluso a los objetos inanimados, como la Muñeca fea, el Comal y La Olla. Expresó su respeto a las mamás y a las abuelas en canciones como: “Doña Marranita Barriga viuda de Chicharrón”, la mamá de los tres cochinitos.

El lugar especial que le da a las mujeres, a los abuelitos y a los animales a los que trataba respetuosamente quedó para la posteridad. “Cuando iba con él caminando, saludaba a los perros y les decía: ¿cómo está usted señor perro?, ¿cómo está usted señor gato?, incluso a los insectos les dio sentido y resaltó que hay que respetar su lugar y espacio en nuestro entorno".

SUEÑOS PARA TODOS

Orizaba, además de ser la ciudad de nuestra Señora de los Puentes, la Ciudad de las Aguas Alegres, la Pluviosilla se podría llamar también Orizaba de los grillos y las aguas alegres o tal vez, Orizaba de Gabilondo y los sueños para todos.

Foto: Miguel Castillo | El Sol de Orizaba

A 113 años de su nacimiento, Francisco Gabilondo Soler es un personaje legendario, clásico, muy escuchado porque lo siguen recordando las familias, los abuelitos y profesores es un clásico y difícilmente se perderá.

ORIZABA, Ver.- Francisco Gabilondo Soler, el compositor de canciones infantiles más importante del país. El manifestó en sus composiciones un profundo respeto a la mujer, a los adultos mayores e incluso a los animales y así lo expresó en canciones como La Patita, El ropero y Los palomos.

Óscar Gabilondo Vizcaíno, su nieto, recuerda el respeto y admiración que tenía su abuelo Panchito, como le decían de cariño, a su abuelo, el coronel José Antonio Soler del Mazo, quien fue héroe de guerra y formó parte del batallón de Juan Ignacio Prim, durante el periodo de Benito Juárez. A él le tocó primero tomar Orizaba y después expulsar a los franceses. Aquí se quedó, vivió, falleció y está enterrado en la Pluviosilla.

“Mi tatarabuelo quedó inmortalizado con aquella canción que dice: ¡Ay qué bonita espada de mi abuelito el Coronel…!, es nada más y nada menos que el coronel José Antonio Soler del Mazo”, recuerda.

La canción del Ropero, que entona a media voz: “Toma el llavero abuelita y enséñame tu ropero”, aún existe. Emilia Fernández Flores, esposa del coronel, abuelita de Francisco Gabilondo fue también inmortalizada con esa canción.

“Mi tatarabuela fue la musa de la inspiración de muchas de las canciones. Ella se encargaba de cuidar a su nieto porque mis abuelos, Tiburcio y Emilia, se divorciaron y el acuerdo fue que la hermana de abuelo se iba a vivir con su mamá y él se quedó a vivir con su papá”.

La relación de don Tiburcio era buena con los papás de su exesposa, por lo que todas las tardes llevaba a Panchito a casa de su abuela. “Fue en su regazo, entre las pláticas, el ropero y el buen oficio de contar cuentos de mi tatarabuela que comenzó a nacer Cri-crí, el Grillito cantor”, apuntó.

CURSÓ SOLO LA PRIMARIA

Francisco Gabilondo Soler cursó solamente hasta el sexto grado de primaria en una escuela cercana a donde hoy se ubica el Palacio Municipal. “Mi abuelo se sentía un poco avergonzado de que le habían puesto a esa escuela Francisco Gabilondo Soler porque originalmente llevaba el nombre de un gran pedagogo mexicano, Manuel Oropeza”.

No continuó sus estudios porque no le gustara estudiar, sin embargo, vio que la escuela no le ofrecía las oportunidades que tenían los libros, las bibliotecas. De tal manera que cuentos, relatos e historias de Emilio Salgari, Julio Verne, los hermanos Grimm, Hans Christian Andersen, fueron sus compañeros inseparables.

Leía historias que tenían que ver con la ficción, el cuento, pero también con la realidad, como Julio Verne y Emilio Salgari que no estaba muy errado en las rutas del mismo barco que siempre salía en sus narraciones de Sandokan, el legendario pirata.

Así creció Francisco Gabilondo Soler, yéndose al Cerro del Borrego con sus libros a leer y, entre líneas y líneas, veía cómo los animales crecían y aprendían en el mismo entorno en el que él iba a estudiar. Ahí nació el Caminito de la Escuela.

“El entorno en el que se desarrolló quedó plasmado también en sus canciones. Los ríos que hay en la ciudad, igual le dieron vida al Chorrito, pero también a otros cuentos cantados como aquel que dice: Un barquito de cáscara de nuez..., y que seguramente en esas aguas se fue navegando hasta el mar”.

Agrega que obras como La Acuarela tienen que ver con las casitas de Veracruz. Incluso le escribió una canción a su estado, como aquella del Puerto en la que cita a su gran amigo el Flaco, el maestro Agustín Lara; en esa canción habla de las palmeras agachadas y habla del puerto de Veracruz.

Gabilondo Vizcaíno subraya que todas las historias que canta Francisco Gabilondo nacieron en Orizaba, como la de los Palomos… “Van los novios en camino a la iglesia del lugar…”, eran las palomas que como todos tenían los mismos derechos a casarse en las hermosas iglesias de Orizaba.

MERECÍAN RESPETO

Fue en esta ciudad donde Gabilondo Soler conoció a quien sería su esposa, Rosario Patiño, con quien se casó a escondidas porque en la época, de la lucha Cristera, estaban prohibidas las bodas.

Ella también fue su musa y se le recordará como La Patita, pues también a ella le tocó apoyar para llevar “los centavitos a la casa”.

Francisco Gabilondo le dio vida incluso a los objetos inanimados, como la Muñeca fea, el Comal y La Olla. Expresó su respeto a las mamás y a las abuelas en canciones como: “Doña Marranita Barriga viuda de Chicharrón”, la mamá de los tres cochinitos.

El lugar especial que le da a las mujeres, a los abuelitos y a los animales a los que trataba respetuosamente quedó para la posteridad. “Cuando iba con él caminando, saludaba a los perros y les decía: ¿cómo está usted señor perro?, ¿cómo está usted señor gato?, incluso a los insectos les dio sentido y resaltó que hay que respetar su lugar y espacio en nuestro entorno".

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