/ lunes 1 de noviembre de 2021

Relato: Las luces del fuerte del Cerro del Borrego

Para don Nacho y sus dos amigos se volvió un posible cambio de dimensión pues dentro de este sitio las cosas empezaron a cambiar

Orizaba, Ver.- Lo que parecerá un relato de fantasía para Ignacio Gómez es un recuerdo de su infancia que fue tan real como su vida laboral, de casado y familiar, en 1954 a sus 12 años de edad una exploración al fuerte del Cerro del Borrego para él y sus dos amigos se volvió un posible cambio de dimensión pues dentro de este sitio las cosas empezaron a cambiar.

En 1954, don Nacho como actualmente es conocido, era un niño de 12 años que en conjunto con otros amigos decidieron tener un domingo diferente y subir al Cerro del Borrego esto con la ilusión de encontrar botones antiguos, sin embargo ese día encontraron mucho más de lo que anhelaban, hoy a sus casi 80 años, ha relatado en diversas ocasiones esta vivencia que en su infancia lo mantuvo en diversas ocasiones enfermo.

Hoy a sus casi 80 años, don Nacho ha relatado en diversas ocasiones esta vivencia / Foto: Guadalupe Castillo | El Sol de Córdoba

Cuando tenía escasos 12 años de edad vivía en la Sur 18 a unos cuantos metros de la entrada al Cerro del Borrego en compañía de sus padres, y fue un mediodía de un domingo de 1954 cuando subió al cerro con otros dos amigos, en sus manos llevaban palas y otras herramientas para poder excavar en la tierra y encontrar tesoros como botones o placas de varias de la batalla entre los franceses y mexicanos años atrás.

Recordó que subieron el cerro llegando a uno de los fuertes, un lugar antiguo que tiene únicamente cuatro paredes y sin techo, esa mañana era soleada, el viento soplaba entre los árboles y al ser niños buscaban una aventura que recordar y platicar a la hora de la comida, pero todo cambio cuando se adentraron al sitio y con herramientas en mano empezaron a excavar, en el interior el ambiente había cambiado, el sol se había ocultado, el aire era denso.

“Estábamos en plena primavera y en la región siempre se ha caracterizado por tener las montañas iluminadas cuando el sol tiene todo su esplendor, como no teníamos nada que hacer ese día hablamos del fuerte que está en el Cerro y como no lo habíamos investigado, nos hicimos conjeturas y decidimos subir”, recordó.

En el lugar llegaron a oír agua agitada que en momento no prestaron importancia, su investigación y aventura podía más en sus emociones, el rato paso y el sonido empezó a cambiar pues ya se trataba de una estampida de caballos que se dirigía hacia ellos, pero no se veía nada, “levantamos la cabeza y con la mirada nos preguntamos diversas cosas sin hablar, la luminosidad del día ser torno bruma amarillenta, había diversas formas desconcertantes, no se veía el sol donde debía estar, los árboles se movían con el viento, el ambiente se tornó gris y verduzco”.

Don Nacho recordó cada momento y este fue dicho para el Sol de Córdoba, en ese momento la temperatura del lugar había descendido considerablemente, los ruidos iban aumentando de volumen y se sumaban alaridos humanos teniendo a su alrededor una probable batalla que no podían ver.

Sin recordar quien, el entrevistado dijo que alguno gritó “a correr” y fue como los tres amigos emprendieron la retirada, partiendo a toda velocidad hacia la salida de ese fuerte que no era más que un “cuarto” sin techo, pero amplio, corrieron hasta el monumento de la bandera que se encuentra en la cima del Cerro del Borrego, “la corta distancia y a la velocidad que emprendimos poco a poco el ambiente y la coloración del lugar iban cambiando hasta que volvimos a ver el sol, únicamente habían pasado 50 minutos, los ruidos desaparecieron por arte de magia”.

Lo que parece un relato de fantasía para Ignacio Gómez es un recuerdo de su infancia / Foto: Guadalupe Castillo | El Sol de Córdoba

En ese momento determinaron no hablar del suceso pues sabían no les iban a creer y con el miedo de que sus padres no les dejarán volver al cerro para jugar, por ello pasaron años para que empezáramos a creer que estuvimos a punto de pasar a otra dimensión, “íbamos rumbo a la guerra”.

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Al llegar a su casa, como sus amigos, guardo el secreto de lo ocurrido en el fuerte sin embargo empezó a enfermar, no quería comer y su apetito era cada vez menor, empezaba a perder pesos y sus padres preocupados lo llevaron con diversos curanderos que le mencionan que en dicho lugar donde él y sus amigos fueron a jugar había cargado su alma con espíritus que lo debilitaban, pero con los meses fue mejorando.

Pasaron 42 años para que Don Nacho tuviera entre sus manos un manuscrito que pidió ayuda a un vecino para qué le ayudará a relatar lo sucedió y de ese escrito nace este relato., “ahora que veo invitaciones para expresar lo que experimenté me dije que no importaba si se ríen de mí, la cuestión es que sepan lo que me ocurrió”.

Don Nacho conserva un manuscrito con el relato / Foto: Guadalupe Castillo | El Sol de Córdoba

Ahora don Nacho dice se volvió susceptible a los hechos paranormales pues ha llegado a ver personas que sabe no están en su mente, hoy día vive tranquilamente en la Unidad Habitacional del Trébol en Orizaba, pero ese suceso seguirá en su mente.

Orizaba, Ver.- Lo que parecerá un relato de fantasía para Ignacio Gómez es un recuerdo de su infancia que fue tan real como su vida laboral, de casado y familiar, en 1954 a sus 12 años de edad una exploración al fuerte del Cerro del Borrego para él y sus dos amigos se volvió un posible cambio de dimensión pues dentro de este sitio las cosas empezaron a cambiar.

En 1954, don Nacho como actualmente es conocido, era un niño de 12 años que en conjunto con otros amigos decidieron tener un domingo diferente y subir al Cerro del Borrego esto con la ilusión de encontrar botones antiguos, sin embargo ese día encontraron mucho más de lo que anhelaban, hoy a sus casi 80 años, ha relatado en diversas ocasiones esta vivencia que en su infancia lo mantuvo en diversas ocasiones enfermo.

Hoy a sus casi 80 años, don Nacho ha relatado en diversas ocasiones esta vivencia / Foto: Guadalupe Castillo | El Sol de Córdoba

Cuando tenía escasos 12 años de edad vivía en la Sur 18 a unos cuantos metros de la entrada al Cerro del Borrego en compañía de sus padres, y fue un mediodía de un domingo de 1954 cuando subió al cerro con otros dos amigos, en sus manos llevaban palas y otras herramientas para poder excavar en la tierra y encontrar tesoros como botones o placas de varias de la batalla entre los franceses y mexicanos años atrás.

Recordó que subieron el cerro llegando a uno de los fuertes, un lugar antiguo que tiene únicamente cuatro paredes y sin techo, esa mañana era soleada, el viento soplaba entre los árboles y al ser niños buscaban una aventura que recordar y platicar a la hora de la comida, pero todo cambio cuando se adentraron al sitio y con herramientas en mano empezaron a excavar, en el interior el ambiente había cambiado, el sol se había ocultado, el aire era denso.

“Estábamos en plena primavera y en la región siempre se ha caracterizado por tener las montañas iluminadas cuando el sol tiene todo su esplendor, como no teníamos nada que hacer ese día hablamos del fuerte que está en el Cerro y como no lo habíamos investigado, nos hicimos conjeturas y decidimos subir”, recordó.

En el lugar llegaron a oír agua agitada que en momento no prestaron importancia, su investigación y aventura podía más en sus emociones, el rato paso y el sonido empezó a cambiar pues ya se trataba de una estampida de caballos que se dirigía hacia ellos, pero no se veía nada, “levantamos la cabeza y con la mirada nos preguntamos diversas cosas sin hablar, la luminosidad del día ser torno bruma amarillenta, había diversas formas desconcertantes, no se veía el sol donde debía estar, los árboles se movían con el viento, el ambiente se tornó gris y verduzco”.

Don Nacho recordó cada momento y este fue dicho para el Sol de Córdoba, en ese momento la temperatura del lugar había descendido considerablemente, los ruidos iban aumentando de volumen y se sumaban alaridos humanos teniendo a su alrededor una probable batalla que no podían ver.

Sin recordar quien, el entrevistado dijo que alguno gritó “a correr” y fue como los tres amigos emprendieron la retirada, partiendo a toda velocidad hacia la salida de ese fuerte que no era más que un “cuarto” sin techo, pero amplio, corrieron hasta el monumento de la bandera que se encuentra en la cima del Cerro del Borrego, “la corta distancia y a la velocidad que emprendimos poco a poco el ambiente y la coloración del lugar iban cambiando hasta que volvimos a ver el sol, únicamente habían pasado 50 minutos, los ruidos desaparecieron por arte de magia”.

Lo que parece un relato de fantasía para Ignacio Gómez es un recuerdo de su infancia / Foto: Guadalupe Castillo | El Sol de Córdoba

En ese momento determinaron no hablar del suceso pues sabían no les iban a creer y con el miedo de que sus padres no les dejarán volver al cerro para jugar, por ello pasaron años para que empezáramos a creer que estuvimos a punto de pasar a otra dimensión, “íbamos rumbo a la guerra”.

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Al llegar a su casa, como sus amigos, guardo el secreto de lo ocurrido en el fuerte sin embargo empezó a enfermar, no quería comer y su apetito era cada vez menor, empezaba a perder pesos y sus padres preocupados lo llevaron con diversos curanderos que le mencionan que en dicho lugar donde él y sus amigos fueron a jugar había cargado su alma con espíritus que lo debilitaban, pero con los meses fue mejorando.

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Don Nacho conserva un manuscrito con el relato / Foto: Guadalupe Castillo | El Sol de Córdoba

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