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Papa declarará santos a niños mártires de Tlaxcala el 15 de octubre próximo

Ciudad del Vaticano.-  Fueron los primeros mártires de América. Cristóbal, Antonio y Juan, conocidos como los “niños de Tlaxcala”. Nacidos y asesinados en el 1500, serán proclamados santos de la Iglesia  por el Papa Francisco el próximo 15 de octubre. Y cinco meses antes, el 13 de mayo, otros dos menores también serán canonizados, los pastorcitos Francisco y Jacinta, dos de los tres videntes de Fátima, en ocasión del centenario de las apariciones de la Virgen.

Durante el consistorio presidido por Bergoglio y en el que se anunciaron las fechas de las canonizaciones, el cardenal Antonio Amato, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, afirmó que estos actos son “una señal para los niños y adolescentes objeto de explotación y tratados como mercancía”.

Los  “niños de Tlaxcala” vivieron en los primeros años de la evangelización. Los tres, educados en la escuela franciscana, murieron en tiempos y lugares diversos. El primero fue Cristóbal, nacido entre 1514 y 1515,llamado “Cristobalito”, hijo y heredero del principal cacique Acxotecatl, y que siguiendo el ejemplo de sus tres hermanos, se instruyó en la fe cristiana. Se propuso convertir a su padre y a veces rompía los ídolos paganos presentes en su casa y trataba de llevar el Evangelio a familiares y conocidos.

En un principio el padre lo perdonó pero después decidió matarlo, en 1527. El delito se registró dentro de la casa. El hombre rompió con un bastón las piernas y brazos de su hijo, que mientras tanto rezaba hasta que fue arrojado a una hoguera. El cuerpo de Cristobalito primero fue sepultado en una habitación de la casa  y después los franciscanos lo llevaron a un convento y sucesivamente a la Iglesia de Santa Marta.

Antonio a su vez era nieto y heredero del cacique local, mientras que Juan era su sirviente. Ambos frecuentaban la escuela de los Franciscanos. En 1529, los dos se ofrecieron como intérpretes, a la edad de 13 años, de un grupo de dominicos con los indígenas. Cuando llegaron a Tepeaca, ambos ayudaron a los frailes a recoger los ídolos. En un cierto momento, cuando los dos se habían apartado, fueron atacados por los indígenas, matando a palos a Juan y pocos minutos después a Antonio. Sus cuerpos, recogidos por los dominicos, fueron sepultados en una capilla. Su beatificación,  por parte de Juan Pablo II, el 6 de mayo de 1990, junto con su contemporáneo Juan Diego en la basílica de Guadalupe, en México.

Por su parte, los pastorcitos Francisco y Jacinta, el 13 de mayo de 2000, también fueron canonizados por el Papa polaco. Francisco murió a los 11 años de edad en 1919 víctima de la que llamada “influenza española”, y un año falleció la niña, de 10 años, a causa de una pleuritis. La tercera vidente era Lucía, consagra a la vida religiosa y que vivió en cambio hasta los 90 años.

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