/ domingo 12 de diciembre de 2021

Expresan su fe y amor a la virgen morena

“Hay crisis sanitaria por Covid-19 pero no hay crisis en la fe en Dios y en la virgen de Guadalupe”, declara la religiosa Margarita Benítez

Xalapa, Ver.-“La virgencita siempre ayuda. Dios no nos deja", expresa agradecida Reyna Olivares Cabrera, quien asegura que ella y sus seis hijos están vivos gracias a un sueño premonitorio que los hizo alejarse de su casa antes de que ardiera en llamas.

"Todo, todo se quemó, hasta los patos y pollos, menos las escrituras del terreno y documentos. ¿Cómo no voy a creer? ¿Cómo no voy a ser agradecida?", dice la mujer de 63 años de edad en su visita a la Basílica menor de la virgen de Guadalupe, en la zona de El Dique de la ciudad de Xalapa.

En este 12 de diciembre, recuerda que 23 años atrás, en sueños, vio a un ser resplandeciente que le advirtió de algo trágico: “¡Peligro!, ¡peligro! ¡Váyanse!”.

Por la mañana, su hija menor, Alma Gabriela, se sintió mal del estómago y decidió llevarla al doctor. Ella, que cuando salía dejaba a sus hijos encerrados, ese día decidió llevárselos a todos.

Cuando regresamos ya no había nada. Toda la casa se quemó, pero nosotros estábamos bien, completos”, dice mientras alza la mirada al cielo y luego indica que allí, en Lomas de San Roque, descubrió la bondad de la gente.

Vecinos y personas que no conocían, incluso de otros municipios, llegaron para brindarles comida, ropa y ayuda de distintas maneras. “En una sola noche le ayudaron a mi mamá a levantar un cuarto de madera”, dice su hija Paty, quien también asegura tenerle mucha fe a la “Morenita del Tepeyac”.

Entre las anécdotas vividas, a Paty le viene a la mente el día en que, de niña, se perdió por aproximadamente tres horas, pero aunque pequeña, ya tenía esperanza en que volvería a ver a su mamá; así ocurrió…

Doña Reyna Olivares Cabrera ha tenido una vida difícil, a pesar de ello, muestra gratitud ante la vida porque dice tener lo más importante: una familia unida que logra salir adelante. Una familia que, enfatiza, cree en Dios y en la virgen de Guadalupe como sus protectores y salvadores.

En sus remembranzas del pasado, afirma que a lo largo de su vida ha visto señales de que no está sola, que algo superior la acompaña. Y es que además de rememorar con detalle cómo perdió su patrimonio, comparte momentos de su infancia y juventud.

"Yo era de brazos cuando se murió mi mamá. Nos quedamos huérfanos mi hermano Melitón y yo; luego mi papá nos dio madrastra y ella me pegaba mucho, entonces me escapé”.

A diferencia de otras personas, a quienes de pequeñas les inculcan creencias religiosas, doña Reyna lo hizo por su propia cuenta, pues cuando se fue de su casa, pidió ayuda en un convento.

“Allí me sentía bien, cerca de Dios y de la virgencita, hasta que mi papá me encontró y me sacó. Pude estar allí porque dije que no tenía familia. Al poquito tiempo me casé y tuve a mi hija", narra divertida.

“Estamos pobres, hasta abajo, pero estamos más ricos que los meros ricos, porque tenemos con nosotros al de arriba. La gente, sin que lo pidamos, siempre nos ayuda”, dice la mamá de Jesús, María, José, Mario y Alma, para luego alejarse del brazo de Paty, su primogénita.

Amor y fe a la virgen de Guadalupe

A pesar de las dolencias y dificultades para caminar, a sus 74 años, el xalapeño Genaro Alarcón Sánchez se apoya en su bastón y, con ayuda de su esposa, Estela Zavaleta Portilla, atraviesa Xalapa para poder llegar a la Basílica menor de la virgen de Guadalupe, en el barrio de El Dique.

Don Genaro dice no necesitar milagros para poder afirmar que su fe en la virgen es muy grande y ha estado presente desde que tiene memoria; él fue de los niños a los que visten con ropa de Juan Diego. Con orgullo, expresa que ningún año ha dejado de visitar a la “Patrona de México”.

Más allá de la tradición de haber portado prendas que se han vuelto icónicas en los niños durante la celebración a la Guadalupana, don Genaro cree importante compartir el mensaje de amor y buenaventura que da la cercanía con Dios y la virgen.

Con cariño y gratitud, recuerda a su abuelita Margarita Aparicio. Ella les inculcó la fe y devoción tanto a él y a su hermano, como a sus primos. Después, ya casado, hizo lo mismo con sus cuatro hijos.

Doña Estela, quien también tiene algunas dolencias, dice que para ella celebrar a la virgen es una necesidad, por eso no importa salir desde “Las Haciendas”, en Emiliano Zapata, para viajar en autobús y llegar a Los Sauces, en Xalapa.

Lo que para otros pudiera parecer una distancia corta, para ella y su esposo es grande y les representa algunos problemas, pero no importa, pues su objetivo es darle gracias a la virgen por su presencia en sus vidas.

Igual que ellos, sus hijas Mariana y Tania, y sus hijos, Luis y Javier, son de los miles de mexicanos que rinden culto a la virgen de Guadalupe, un culto que se ha extendido a otros países pero no que se ha logrado igualar.

De lo anterior también da cuenta Arturo Mariano Pérez. Él es originario del municipio de Jilotepec y se traslada a la Basílica menor. El uso de muletas no le impide llegar hasta el altar y refrendar su fe y su gratitud.

Para este 12 de diciembre manifiesta que perder sus piernas en un accidente le cambió la vida, “para bien”, porque a diez años de lo ocurrido es más feliz que antes.

Reservado, sin ahondar en más detalles, manifiesta: “Valoro cada minuto de mi vida. En ese accidente pude haber muerto, pero me salvé y hoy doy fe de que haber sostenido mi escapulario la virgen de Guadalupe me mantiene aquí, con vida y con una misión que cumplir”.

Es más fuerte la fe por la morenita que el miedo al Covid

“Hay crisis sanitaria por Covid-19 pero no hay crisis en la fe en Dios y en la virgen de Guadalupe”, declara la religiosa Margarita Benítez, una de las encargadas de recibir a quienes acuden a rendir culto a la “Patrona de México” en la Basílica menor de Xalapa.

Tal y como lo marcan los tiempos actuales, la celebración es distinta. Entre rostros semicubiertos por cubrebocas, gel, toma de temperatura y visitas rápidas, así transcurren las horas en el santuario ubicado en el barrio de El Dique, donde hoy las bancas están vacías, rodeadas de cinta amarilla.

Aunque no hay manera de comparar el festejo con lo ocurrido previo a la pandemia, este año hay alegría por existir la oportunidad de estar cerca del adoratorio de la virgen.

Asisten quienes cumplen “mandas”, familias completas, personas de distintas edades, solas, acompañadas o en pequeñas peregrinaciones. Algo es claro: la necesidad de agradecer y saberse escuchados.

Mientras en el interior de la Basílica menor hay encargados de cuidar que haya orden desde la llegada hasta la salida por las laterales, en las calles, distinto a 2020, cuando estaban vacías, ahora nuevamente hay comerciantes.

La coincidencia es la misma: lograr obtener algunos recursos después de meses sin buenas ventas que los mantienen con algunas deudas, pero con la esperanza en que vendrán tiempos mejores.

Los hay de Xalapa, de otros municipios y hasta otras entidades, como Malena y Rodrigo, quienes de Tlaxcala llegan a Xalapa para vender gorditas de nata, pan de nuez y pan relleno de queso y zarzamora.

Ellos son comerciantes itinerantes que van a las fiestas patronales o celebraciones como la de la Virgen de Guadalupe para ofrecer el pan de San Juan Huactzinco. Están también quienes venden ropa, cobertores, artículos religiosos y una gran diversidad de alimentos.

Destaca un grupo del Movimiento Católico Mariano, que tras ocho años y medio de documentación y recopilación de material, presenta una edición-homenaje a la virgen de Guadalupe.

Elaborado a la quinta tinta, con impresos en relieve y cartografías de colección, el libro está compuesto por cerca de 500 páginas: “En las santas escrituras no se habla mucho de la virgen, a pesar de ser muy importante para nosotros los católicos”, explica un integrante del movimiento.

El presentador lamenta que la virgen sea una de las figuras más atacadas por los protestantes, por eso cree que a este volumen-homenaje se le debe dar una mayor difusión.

Te puede interesar: Guadalupanos desacatan recomendaciones de la Diócesis: Sierra Silva

“Como católicos, no sabemos cómo defenderla ante los ataques, entonces buscamos incluir toda la vida de nuestra madre, desde su niñez hasta su ascenso al cielo, y sus legados, humildad, fe y amor al prójimo”.

Con la imagen de la “Morena del Tepeyac” al frente, la publicación llama la atención de quienes han salido de sus casas para cumplir su cita con quien se ha consolidado en una imagen de culto para la iglesia católica, pero también, en un símbolo de los mexicanos.

Xalapa, Ver.-“La virgencita siempre ayuda. Dios no nos deja", expresa agradecida Reyna Olivares Cabrera, quien asegura que ella y sus seis hijos están vivos gracias a un sueño premonitorio que los hizo alejarse de su casa antes de que ardiera en llamas.

"Todo, todo se quemó, hasta los patos y pollos, menos las escrituras del terreno y documentos. ¿Cómo no voy a creer? ¿Cómo no voy a ser agradecida?", dice la mujer de 63 años de edad en su visita a la Basílica menor de la virgen de Guadalupe, en la zona de El Dique de la ciudad de Xalapa.

En este 12 de diciembre, recuerda que 23 años atrás, en sueños, vio a un ser resplandeciente que le advirtió de algo trágico: “¡Peligro!, ¡peligro! ¡Váyanse!”.

Por la mañana, su hija menor, Alma Gabriela, se sintió mal del estómago y decidió llevarla al doctor. Ella, que cuando salía dejaba a sus hijos encerrados, ese día decidió llevárselos a todos.

Cuando regresamos ya no había nada. Toda la casa se quemó, pero nosotros estábamos bien, completos”, dice mientras alza la mirada al cielo y luego indica que allí, en Lomas de San Roque, descubrió la bondad de la gente.

Vecinos y personas que no conocían, incluso de otros municipios, llegaron para brindarles comida, ropa y ayuda de distintas maneras. “En una sola noche le ayudaron a mi mamá a levantar un cuarto de madera”, dice su hija Paty, quien también asegura tenerle mucha fe a la “Morenita del Tepeyac”.

Entre las anécdotas vividas, a Paty le viene a la mente el día en que, de niña, se perdió por aproximadamente tres horas, pero aunque pequeña, ya tenía esperanza en que volvería a ver a su mamá; así ocurrió…

Doña Reyna Olivares Cabrera ha tenido una vida difícil, a pesar de ello, muestra gratitud ante la vida porque dice tener lo más importante: una familia unida que logra salir adelante. Una familia que, enfatiza, cree en Dios y en la virgen de Guadalupe como sus protectores y salvadores.

En sus remembranzas del pasado, afirma que a lo largo de su vida ha visto señales de que no está sola, que algo superior la acompaña. Y es que además de rememorar con detalle cómo perdió su patrimonio, comparte momentos de su infancia y juventud.

"Yo era de brazos cuando se murió mi mamá. Nos quedamos huérfanos mi hermano Melitón y yo; luego mi papá nos dio madrastra y ella me pegaba mucho, entonces me escapé”.

A diferencia de otras personas, a quienes de pequeñas les inculcan creencias religiosas, doña Reyna lo hizo por su propia cuenta, pues cuando se fue de su casa, pidió ayuda en un convento.

“Allí me sentía bien, cerca de Dios y de la virgencita, hasta que mi papá me encontró y me sacó. Pude estar allí porque dije que no tenía familia. Al poquito tiempo me casé y tuve a mi hija", narra divertida.

“Estamos pobres, hasta abajo, pero estamos más ricos que los meros ricos, porque tenemos con nosotros al de arriba. La gente, sin que lo pidamos, siempre nos ayuda”, dice la mamá de Jesús, María, José, Mario y Alma, para luego alejarse del brazo de Paty, su primogénita.

Amor y fe a la virgen de Guadalupe

A pesar de las dolencias y dificultades para caminar, a sus 74 años, el xalapeño Genaro Alarcón Sánchez se apoya en su bastón y, con ayuda de su esposa, Estela Zavaleta Portilla, atraviesa Xalapa para poder llegar a la Basílica menor de la virgen de Guadalupe, en el barrio de El Dique.

Don Genaro dice no necesitar milagros para poder afirmar que su fe en la virgen es muy grande y ha estado presente desde que tiene memoria; él fue de los niños a los que visten con ropa de Juan Diego. Con orgullo, expresa que ningún año ha dejado de visitar a la “Patrona de México”.

Más allá de la tradición de haber portado prendas que se han vuelto icónicas en los niños durante la celebración a la Guadalupana, don Genaro cree importante compartir el mensaje de amor y buenaventura que da la cercanía con Dios y la virgen.

Con cariño y gratitud, recuerda a su abuelita Margarita Aparicio. Ella les inculcó la fe y devoción tanto a él y a su hermano, como a sus primos. Después, ya casado, hizo lo mismo con sus cuatro hijos.

Doña Estela, quien también tiene algunas dolencias, dice que para ella celebrar a la virgen es una necesidad, por eso no importa salir desde “Las Haciendas”, en Emiliano Zapata, para viajar en autobús y llegar a Los Sauces, en Xalapa.

Lo que para otros pudiera parecer una distancia corta, para ella y su esposo es grande y les representa algunos problemas, pero no importa, pues su objetivo es darle gracias a la virgen por su presencia en sus vidas.

Igual que ellos, sus hijas Mariana y Tania, y sus hijos, Luis y Javier, son de los miles de mexicanos que rinden culto a la virgen de Guadalupe, un culto que se ha extendido a otros países pero no que se ha logrado igualar.

De lo anterior también da cuenta Arturo Mariano Pérez. Él es originario del municipio de Jilotepec y se traslada a la Basílica menor. El uso de muletas no le impide llegar hasta el altar y refrendar su fe y su gratitud.

Para este 12 de diciembre manifiesta que perder sus piernas en un accidente le cambió la vida, “para bien”, porque a diez años de lo ocurrido es más feliz que antes.

Reservado, sin ahondar en más detalles, manifiesta: “Valoro cada minuto de mi vida. En ese accidente pude haber muerto, pero me salvé y hoy doy fe de que haber sostenido mi escapulario la virgen de Guadalupe me mantiene aquí, con vida y con una misión que cumplir”.

Es más fuerte la fe por la morenita que el miedo al Covid

“Hay crisis sanitaria por Covid-19 pero no hay crisis en la fe en Dios y en la virgen de Guadalupe”, declara la religiosa Margarita Benítez, una de las encargadas de recibir a quienes acuden a rendir culto a la “Patrona de México” en la Basílica menor de Xalapa.

Tal y como lo marcan los tiempos actuales, la celebración es distinta. Entre rostros semicubiertos por cubrebocas, gel, toma de temperatura y visitas rápidas, así transcurren las horas en el santuario ubicado en el barrio de El Dique, donde hoy las bancas están vacías, rodeadas de cinta amarilla.

Aunque no hay manera de comparar el festejo con lo ocurrido previo a la pandemia, este año hay alegría por existir la oportunidad de estar cerca del adoratorio de la virgen.

Asisten quienes cumplen “mandas”, familias completas, personas de distintas edades, solas, acompañadas o en pequeñas peregrinaciones. Algo es claro: la necesidad de agradecer y saberse escuchados.

Mientras en el interior de la Basílica menor hay encargados de cuidar que haya orden desde la llegada hasta la salida por las laterales, en las calles, distinto a 2020, cuando estaban vacías, ahora nuevamente hay comerciantes.

La coincidencia es la misma: lograr obtener algunos recursos después de meses sin buenas ventas que los mantienen con algunas deudas, pero con la esperanza en que vendrán tiempos mejores.

Los hay de Xalapa, de otros municipios y hasta otras entidades, como Malena y Rodrigo, quienes de Tlaxcala llegan a Xalapa para vender gorditas de nata, pan de nuez y pan relleno de queso y zarzamora.

Ellos son comerciantes itinerantes que van a las fiestas patronales o celebraciones como la de la Virgen de Guadalupe para ofrecer el pan de San Juan Huactzinco. Están también quienes venden ropa, cobertores, artículos religiosos y una gran diversidad de alimentos.

Destaca un grupo del Movimiento Católico Mariano, que tras ocho años y medio de documentación y recopilación de material, presenta una edición-homenaje a la virgen de Guadalupe.

Elaborado a la quinta tinta, con impresos en relieve y cartografías de colección, el libro está compuesto por cerca de 500 páginas: “En las santas escrituras no se habla mucho de la virgen, a pesar de ser muy importante para nosotros los católicos”, explica un integrante del movimiento.

El presentador lamenta que la virgen sea una de las figuras más atacadas por los protestantes, por eso cree que a este volumen-homenaje se le debe dar una mayor difusión.

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“Como católicos, no sabemos cómo defenderla ante los ataques, entonces buscamos incluir toda la vida de nuestra madre, desde su niñez hasta su ascenso al cielo, y sus legados, humildad, fe y amor al prójimo”.

Con la imagen de la “Morena del Tepeyac” al frente, la publicación llama la atención de quienes han salido de sus casas para cumplir su cita con quien se ha consolidado en una imagen de culto para la iglesia católica, pero también, en un símbolo de los mexicanos.

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