/ domingo 15 de mayo de 2022

¿La profesión de docente es valorada? Maestras cuentan sus historias

Las maestras deben luchar como en otros sectores contra el machismo y el acoso

La labor de las maestras “cada vez se valora menos” aún cuando en las aulas se convierten en madres, amigas, psicólogas, enfermeras, cantantes y hasta actrices, dicen; aun cuando deben luchar, como en otros sectores contra el machismo y el acoso “todas sabemos que sí pasa”.

Pero también hay casos como el de Alma Isela Gómez Mendoza quien asegura que siempre ha sido tratada con respeto y nunca ha tenido que enfrentar una situación de hostigamiento, además de que no considera que los padres de familia subestimen el trabajo que realiza. En lo que todas coinciden, es el amor y la pasión con la que desempeñan su labor y lo feliz que son enseñando.

Isela estudió en la Normal particular Adela Márquez de Martínez en Tlatlauquitepec, Puebla, es licenciada en educación preescolar y recuerda que desde que iba a dejar a su hermana menor al kínder dijo que iba a estudiar para educadora, y lo cumplió, actualmente trabajo en el Colegio Guadalupe Victoria en Perote, Veracruz y da clases a pequeños de segundo de preescolar.

Para mí lo es todo, cuando entro a mi salón de clases, mis alumnos me cambian la vida y me hacen aún más feliz, enseñar con amor es el mejor de los conocimientos significativos y el cual les será útil para toda la vida”.

Señala que en tiempos de pandemia se hizo más fuerte en cuestión de crear estrategias para seguir enseñando a la distancia, “para mí solo fueron tiempos de aprendizaje que me fueron útiles para hacerme más digital”.

“Me gusta mucho (mi labor), es valorada, en mi centro de trabajo sí, por mi directora y los padres de familia, de eso no me puedo quejar (…) No me ha pasado algo así (de acoso) siempre soy tratada con respeto; el 15 de mayo, día del maestro, lo celebro al lado de mis seres queridos de los cuales siempre he recibido apoyo, elegiría una y otra vez mi bella carrera, puedo asegurar que es lo que me hace feliz, me considero una maestra con vocación”.

Mercedes del Carmen Martínez Molina de 33 años estudió la licenciatura en Educación Preescolar en la universidad Pedagógica Veracruzana UPV y la licenciatura de Educación Física, Deporte y Recreación en la escuela Calmécac, lo decidió en acuerdo con su papá puesto que él siempre se dedicó a eso y quería que ella también trabajara de maestra en esta rama.

Actualmente trabaja en tres Jardines de Niños; les da clases de Educación Física a menores que oscilan entre los 3 a los 6 años.

Para mí ser maestra significa dejar una huella, ayudar a los niños a su formación como individuos dentro de una sociedad. Los maestros nos volvemos todólogos dentro de las escuelas, entonces ser maestro va más allá de solo enseñar conocimientos si no también te conviertes en una segunda mamá, amiga, enfermera, actriz, cantante, etcétera”.

Confiesa que en tiempo de pandemia lo primero que le costó, fue adaptarse a estar en aislamiento; sin embargo, para dar sus clases, no le fue tan complicado acoplarse a las nuevas plataformas digitales porque siempre le ha gustado aprender e innovar.

“Lo que sí se me complicó fue el poco acercamiento con algunos niños debido a que no teníamos manera a veces de comunicarnos con ellos o solo nos ignoraban para realizar las actividades o jamás tuvimos evidencias algunas para poder dar una evaluación sobre el avance de esos niños, eso sí, se les ponían siempre recomendaciones para que lo trabajaran en casa y así lograr obtener, aunque sea un aprendizaje”.

Lo que más le gusta de su profesión es que los maestros de educación física, son los docentes favoritos de los niños puesto que es un área noble que se adapta a cualquiera, además de que siempre aprende algo de los niños “porque son las personas más nobles y sus abrazos los más sinceros”.

“Me gusta ver cómo todos los niños salen con una sonrisa de las clases, divertidos y sobre todo siempre dicen ‘mira mamá ella es mi maestra Meche’ o mi ‘maestra de ejercicios”.

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En su opinión, su labor es valorada, pero por los niños, porque por mucha gente son catalogados como que “los docentes que solo juegan, los que solo dan una pelota o ponen a correr a los niños, pero si supieran lo importante que es la educación física dentro del desarrollo del niño que seríamos más valorados por todos”.

Ianyth Rivera tiene 37 años, estudió pedagogía en la Universidad Calmécac y actualmente da primero de secundaria en la Telesecundaria Emiliano Zapata de Rinconada.

Ser maestra llegó casi por “herencia”, pero ahora, no imagina su vida sin su profesión y sin sus alumnos que la hacen muy especial.

“Para mi es muy especial el llevar a cabo esta profesión porque toda mi familia son maestros y cuando era joven no tenía esa inquietud, yo quería hacer otra cosa y por mucho tiempo me negué a trabajar así, pero después tuve que hacerlo por cuestiones de economía y de familia y la verdad es que ahora cuando lo pienso, no me arrepiento para nada, me gusta mucho mi trabajo”.

Considera que una de sus virtudes es lograr conectar con sus alumnos y ganarse su confianza, porque puede divertirse con ellos y al mismo tiempo compartir conocimientos.

La pandemia fue un reto, porque no todos tenían las condiciones tecnológicas y los chicos que tenían celular, lo usaban únicamente para redes sociales o escuchar música, pero no sabían del correo electrónico y mucho menos de una plataforma educativa.

“Sí fue muy difícil esos meses para cerrar el ciclo porque todo empezó en abril y el ciclo termina en julio, entonces esos meses lo que yo hice fue estar comunicada con ellos por whatsapp y me hice un facebook solo para ellos porque yo sabía que no me iban a entender en ese momento para poder utilizar una plataforma, ya después cuando cambiamos de ciclo como seguimos en línea, entonces yo tuve que aprender a utilizar el classroom para después enseñárselos a ellos”.

Al ser una comunidad donde la mayoría de los padres trabajan fuera y las mamás se dedican al hogar, era difícil que los menores tuvieran el apoyo de un adulto para tomar sus clases, fue algo que tuvieron que enfrentar solos.

Aunque desde inicio de año regresó a las clases presenciales, sigue apoyándose del classroom y destaca que la pandemia les dejó saber aprovechar la tecnología para el aprendizaje.

Coincide en que su trabajo antes era mucho más valorado, porque hora depende la zona donde estén, “a los que trabajamos en comunidades nos va un poquito mejor, todavía nos consideran importantes, pero aún así creo que hace 20 años era mucho más valorado y había mayor respeto, ahora todo el tiempo se nos tacha de que no hacemos nada, de que tenemos muchas vacaciones, de que no vamos, de que los niños no aprenden, pero realmente los resultados no pueden depender nada más de nosotros, sino de todo el sistema y desafortunadamente no está al nivel que debería estar”.

Leer más: ¿Eres maestro y no acudiste a dar clases el 5 de mayo?, la SEV te podría sancionar

A esto se suma, agrega, que las maestras no escapan de la cultura machista y la violencia, como en todos los ámbitos.

“He vivido un par de situaciones, yo específicamente y también he conocido a algunas compañeras que, por parte de padres de familia, los mismos compañeros, algún jefe (son víctimas de acoso), es algo que apenas también nosotras estamos dándonos cuenta que no está bien, al fin de cuentas tenemos que ser respetadas sin importar nada. Hay muchas cosas, por ejemplo, el que se nos diga que no debemos vestirnos de cierta manera porque trabajamos con adolescentes o niños, o recibimos comentarios de que vayamos a otro lado o cosas así, bastante desagradables, es algo que también vivimos”.

Incluso revela que este tipo de actitudes es el “pan de cada día” tanto en la Secretaría de Educación de Veracruz como en los sindicatos, aunque no se hace público ni se interponen denuncias, “pero todas sabemos que sí pasa”.

La mejor forma en que celebra el día del maestro es cuando recibe mensajes de sus exalumnos, aunque también acudirá a las celebraciones que les organizan para pasar un buen rato entre compañeras.

Griselda Amanda Pérez Sánchez de 47 años estudió la licenciatura en Pedagogía en la Universidad Veracruzana al descubrir que su vocación es orientar, enseñar y apoyar a las personas que quieren aprender; no puede imaginarse haciendo una cosa distinta.

“No me visualizo en ningún otro lugar más que enseñando, ayudando a las personas a adquirir un conocimiento, habilidades, aptitudes, actitudes y sobre todo amor y aprecio por lo que aprenden”.

Ella da clases de segundo grado en la Telesecundaria “Jaime Torres Bodet” de la localidad de La Joya, municipio de Acajete, Veracruz. Considera que ser maestra es un reto y desafío “maravilloso” de lograr formar en los adolescentes una vocación e inculcar el amor por el conocimiento, la patria, el medio ambiente, su familia y el entorno para que tomen conciencia social e histórica.

Durante la pandemia por Covid-19 ser docente implicó un trabajo maratónico, dice, y un gran reto al tratar de impartir sus clases a distancia, “no fue fácil, pero aprendí muchas cosas, nuevas formas de comunicación, conocí las plataformas y el uso de ellas, así como tomar conciencia de las necesidades de mis alumnos”.

Lo más difícil, agrega, fue la comunicación con algunos de sus estudiantes y darse a entender, “pero gracias a Dios hábilmente logré salir adelante y ninguno de mis alumnos desertó, y eso es un gran logro”.

“Lo que más me gusta de mi profesión, son todas las satisfacciones que puedo obtener de ella, el lograr que mis alumnos cada día con sus caritas sonrientes, a veces tristes, externan lo que ellos viven, su situación, sus circunstancias y tratar de escucharlos, valorarlos y creo que a mi me ha servido mucho conocer sus situaciones un poco más de cerca y buscar orientarles para que logren salir adelante y tener ese carácter resiliente”.

En la docencia, reconoce, las maestras sí son víctimas del acoso, violencia y machismo y no solo en sus centros de trabajo, sino en sus hogares, aunque señala que ella no ha sido víctima de estas situaciones, “pero conozco casos que sí han estado enfrentándose a estas situaciones y actualmente con mayor frecuencia, pero podríamos superarlo denunciando, dando a conocer lo que pasa sin miedo, enfrentándolo, luchando y haciendo conciencia incluso con nuestros alumnos”.

Para Griselda el Día del Maestro es muy significativo, lo celebra mucho porque asegura que ama lo que hace y cada día agradece a la vida poder estar en un aula porque no se visualiza de otra manera.

Yadira Ortega Mariscal estudió la licenciatura en Educación Media con especialidad en Matemáticas en el Instituto de Estudios Superiores Simón Bolívar y lo decidió porque siempre supo de su vocación, pero también del compromiso que ello implica.

“Porque, aunque sabía dentro de mi corazón que era lo que tenía que hacer, creo que el poder ser formadora de seres humanos es una gran responsabilidad que me gusta hacer”.

Actualmente trabaja en la escuela Telesecundaria “Jaime Torres Bodet” de la comunidad de la Joya del municipio de Acajete; ser docente para ella es una gran responsabilidad pues tiene en sus manos a seres humanos “y lo que tú enseñes bien o mal se les grabará para toda su vida”.

Admite que ha sido muy complicado en tiempos de pandemia poder enseñar, porque nunca es lo mismo estar tras una máquina queriendo explicar a estar en persona el contacto visual, auditivo, dado que la cercanía física con los alumnos, es muy importante.

“Me gusta influir para bien en mis alumnos, el poder servir en esta hermosa labor”. Así, señala que como en todo trabajo existen cosas buenas y no tan buenas por lo que, si en algún momento fue víctima de alguna situación de hostigamiento, lo pude manejar con inteligencia y profesionalismo.

Este día, subraya, lo celebra agradeciendo a Dios por darle este “maravilloso trabajo y si la volvería a elegir porque sé que nací para ser maestra”.

Nota publicada en Diario de Xalapa

La labor de las maestras “cada vez se valora menos” aún cuando en las aulas se convierten en madres, amigas, psicólogas, enfermeras, cantantes y hasta actrices, dicen; aun cuando deben luchar, como en otros sectores contra el machismo y el acoso “todas sabemos que sí pasa”.

Pero también hay casos como el de Alma Isela Gómez Mendoza quien asegura que siempre ha sido tratada con respeto y nunca ha tenido que enfrentar una situación de hostigamiento, además de que no considera que los padres de familia subestimen el trabajo que realiza. En lo que todas coinciden, es el amor y la pasión con la que desempeñan su labor y lo feliz que son enseñando.

Isela estudió en la Normal particular Adela Márquez de Martínez en Tlatlauquitepec, Puebla, es licenciada en educación preescolar y recuerda que desde que iba a dejar a su hermana menor al kínder dijo que iba a estudiar para educadora, y lo cumplió, actualmente trabajo en el Colegio Guadalupe Victoria en Perote, Veracruz y da clases a pequeños de segundo de preescolar.

Para mí lo es todo, cuando entro a mi salón de clases, mis alumnos me cambian la vida y me hacen aún más feliz, enseñar con amor es el mejor de los conocimientos significativos y el cual les será útil para toda la vida”.

Señala que en tiempos de pandemia se hizo más fuerte en cuestión de crear estrategias para seguir enseñando a la distancia, “para mí solo fueron tiempos de aprendizaje que me fueron útiles para hacerme más digital”.

“Me gusta mucho (mi labor), es valorada, en mi centro de trabajo sí, por mi directora y los padres de familia, de eso no me puedo quejar (…) No me ha pasado algo así (de acoso) siempre soy tratada con respeto; el 15 de mayo, día del maestro, lo celebro al lado de mis seres queridos de los cuales siempre he recibido apoyo, elegiría una y otra vez mi bella carrera, puedo asegurar que es lo que me hace feliz, me considero una maestra con vocación”.

Mercedes del Carmen Martínez Molina de 33 años estudió la licenciatura en Educación Preescolar en la universidad Pedagógica Veracruzana UPV y la licenciatura de Educación Física, Deporte y Recreación en la escuela Calmécac, lo decidió en acuerdo con su papá puesto que él siempre se dedicó a eso y quería que ella también trabajara de maestra en esta rama.

Actualmente trabaja en tres Jardines de Niños; les da clases de Educación Física a menores que oscilan entre los 3 a los 6 años.

Para mí ser maestra significa dejar una huella, ayudar a los niños a su formación como individuos dentro de una sociedad. Los maestros nos volvemos todólogos dentro de las escuelas, entonces ser maestro va más allá de solo enseñar conocimientos si no también te conviertes en una segunda mamá, amiga, enfermera, actriz, cantante, etcétera”.

Confiesa que en tiempo de pandemia lo primero que le costó, fue adaptarse a estar en aislamiento; sin embargo, para dar sus clases, no le fue tan complicado acoplarse a las nuevas plataformas digitales porque siempre le ha gustado aprender e innovar.

“Lo que sí se me complicó fue el poco acercamiento con algunos niños debido a que no teníamos manera a veces de comunicarnos con ellos o solo nos ignoraban para realizar las actividades o jamás tuvimos evidencias algunas para poder dar una evaluación sobre el avance de esos niños, eso sí, se les ponían siempre recomendaciones para que lo trabajaran en casa y así lograr obtener, aunque sea un aprendizaje”.

Lo que más le gusta de su profesión es que los maestros de educación física, son los docentes favoritos de los niños puesto que es un área noble que se adapta a cualquiera, además de que siempre aprende algo de los niños “porque son las personas más nobles y sus abrazos los más sinceros”.

“Me gusta ver cómo todos los niños salen con una sonrisa de las clases, divertidos y sobre todo siempre dicen ‘mira mamá ella es mi maestra Meche’ o mi ‘maestra de ejercicios”.

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En su opinión, su labor es valorada, pero por los niños, porque por mucha gente son catalogados como que “los docentes que solo juegan, los que solo dan una pelota o ponen a correr a los niños, pero si supieran lo importante que es la educación física dentro del desarrollo del niño que seríamos más valorados por todos”.

Ianyth Rivera tiene 37 años, estudió pedagogía en la Universidad Calmécac y actualmente da primero de secundaria en la Telesecundaria Emiliano Zapata de Rinconada.

Ser maestra llegó casi por “herencia”, pero ahora, no imagina su vida sin su profesión y sin sus alumnos que la hacen muy especial.

“Para mi es muy especial el llevar a cabo esta profesión porque toda mi familia son maestros y cuando era joven no tenía esa inquietud, yo quería hacer otra cosa y por mucho tiempo me negué a trabajar así, pero después tuve que hacerlo por cuestiones de economía y de familia y la verdad es que ahora cuando lo pienso, no me arrepiento para nada, me gusta mucho mi trabajo”.

Considera que una de sus virtudes es lograr conectar con sus alumnos y ganarse su confianza, porque puede divertirse con ellos y al mismo tiempo compartir conocimientos.

La pandemia fue un reto, porque no todos tenían las condiciones tecnológicas y los chicos que tenían celular, lo usaban únicamente para redes sociales o escuchar música, pero no sabían del correo electrónico y mucho menos de una plataforma educativa.

“Sí fue muy difícil esos meses para cerrar el ciclo porque todo empezó en abril y el ciclo termina en julio, entonces esos meses lo que yo hice fue estar comunicada con ellos por whatsapp y me hice un facebook solo para ellos porque yo sabía que no me iban a entender en ese momento para poder utilizar una plataforma, ya después cuando cambiamos de ciclo como seguimos en línea, entonces yo tuve que aprender a utilizar el classroom para después enseñárselos a ellos”.

Al ser una comunidad donde la mayoría de los padres trabajan fuera y las mamás se dedican al hogar, era difícil que los menores tuvieran el apoyo de un adulto para tomar sus clases, fue algo que tuvieron que enfrentar solos.

Aunque desde inicio de año regresó a las clases presenciales, sigue apoyándose del classroom y destaca que la pandemia les dejó saber aprovechar la tecnología para el aprendizaje.

Coincide en que su trabajo antes era mucho más valorado, porque hora depende la zona donde estén, “a los que trabajamos en comunidades nos va un poquito mejor, todavía nos consideran importantes, pero aún así creo que hace 20 años era mucho más valorado y había mayor respeto, ahora todo el tiempo se nos tacha de que no hacemos nada, de que tenemos muchas vacaciones, de que no vamos, de que los niños no aprenden, pero realmente los resultados no pueden depender nada más de nosotros, sino de todo el sistema y desafortunadamente no está al nivel que debería estar”.

Leer más: ¿Eres maestro y no acudiste a dar clases el 5 de mayo?, la SEV te podría sancionar

A esto se suma, agrega, que las maestras no escapan de la cultura machista y la violencia, como en todos los ámbitos.

“He vivido un par de situaciones, yo específicamente y también he conocido a algunas compañeras que, por parte de padres de familia, los mismos compañeros, algún jefe (son víctimas de acoso), es algo que apenas también nosotras estamos dándonos cuenta que no está bien, al fin de cuentas tenemos que ser respetadas sin importar nada. Hay muchas cosas, por ejemplo, el que se nos diga que no debemos vestirnos de cierta manera porque trabajamos con adolescentes o niños, o recibimos comentarios de que vayamos a otro lado o cosas así, bastante desagradables, es algo que también vivimos”.

Incluso revela que este tipo de actitudes es el “pan de cada día” tanto en la Secretaría de Educación de Veracruz como en los sindicatos, aunque no se hace público ni se interponen denuncias, “pero todas sabemos que sí pasa”.

La mejor forma en que celebra el día del maestro es cuando recibe mensajes de sus exalumnos, aunque también acudirá a las celebraciones que les organizan para pasar un buen rato entre compañeras.

Griselda Amanda Pérez Sánchez de 47 años estudió la licenciatura en Pedagogía en la Universidad Veracruzana al descubrir que su vocación es orientar, enseñar y apoyar a las personas que quieren aprender; no puede imaginarse haciendo una cosa distinta.

“No me visualizo en ningún otro lugar más que enseñando, ayudando a las personas a adquirir un conocimiento, habilidades, aptitudes, actitudes y sobre todo amor y aprecio por lo que aprenden”.

Ella da clases de segundo grado en la Telesecundaria “Jaime Torres Bodet” de la localidad de La Joya, municipio de Acajete, Veracruz. Considera que ser maestra es un reto y desafío “maravilloso” de lograr formar en los adolescentes una vocación e inculcar el amor por el conocimiento, la patria, el medio ambiente, su familia y el entorno para que tomen conciencia social e histórica.

Durante la pandemia por Covid-19 ser docente implicó un trabajo maratónico, dice, y un gran reto al tratar de impartir sus clases a distancia, “no fue fácil, pero aprendí muchas cosas, nuevas formas de comunicación, conocí las plataformas y el uso de ellas, así como tomar conciencia de las necesidades de mis alumnos”.

Lo más difícil, agrega, fue la comunicación con algunos de sus estudiantes y darse a entender, “pero gracias a Dios hábilmente logré salir adelante y ninguno de mis alumnos desertó, y eso es un gran logro”.

“Lo que más me gusta de mi profesión, son todas las satisfacciones que puedo obtener de ella, el lograr que mis alumnos cada día con sus caritas sonrientes, a veces tristes, externan lo que ellos viven, su situación, sus circunstancias y tratar de escucharlos, valorarlos y creo que a mi me ha servido mucho conocer sus situaciones un poco más de cerca y buscar orientarles para que logren salir adelante y tener ese carácter resiliente”.

En la docencia, reconoce, las maestras sí son víctimas del acoso, violencia y machismo y no solo en sus centros de trabajo, sino en sus hogares, aunque señala que ella no ha sido víctima de estas situaciones, “pero conozco casos que sí han estado enfrentándose a estas situaciones y actualmente con mayor frecuencia, pero podríamos superarlo denunciando, dando a conocer lo que pasa sin miedo, enfrentándolo, luchando y haciendo conciencia incluso con nuestros alumnos”.

Para Griselda el Día del Maestro es muy significativo, lo celebra mucho porque asegura que ama lo que hace y cada día agradece a la vida poder estar en un aula porque no se visualiza de otra manera.

Yadira Ortega Mariscal estudió la licenciatura en Educación Media con especialidad en Matemáticas en el Instituto de Estudios Superiores Simón Bolívar y lo decidió porque siempre supo de su vocación, pero también del compromiso que ello implica.

“Porque, aunque sabía dentro de mi corazón que era lo que tenía que hacer, creo que el poder ser formadora de seres humanos es una gran responsabilidad que me gusta hacer”.

Actualmente trabaja en la escuela Telesecundaria “Jaime Torres Bodet” de la comunidad de la Joya del municipio de Acajete; ser docente para ella es una gran responsabilidad pues tiene en sus manos a seres humanos “y lo que tú enseñes bien o mal se les grabará para toda su vida”.

Admite que ha sido muy complicado en tiempos de pandemia poder enseñar, porque nunca es lo mismo estar tras una máquina queriendo explicar a estar en persona el contacto visual, auditivo, dado que la cercanía física con los alumnos, es muy importante.

“Me gusta influir para bien en mis alumnos, el poder servir en esta hermosa labor”. Así, señala que como en todo trabajo existen cosas buenas y no tan buenas por lo que, si en algún momento fue víctima de alguna situación de hostigamiento, lo pude manejar con inteligencia y profesionalismo.

Este día, subraya, lo celebra agradeciendo a Dios por darle este “maravilloso trabajo y si la volvería a elegir porque sé que nací para ser maestra”.

Nota publicada en Diario de Xalapa

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