/ domingo 26 de noviembre de 2023

Dicotomía entre la fe y la vida

En la actualidad existen hombres y mujeres que aun teniendo fe, por ignorancia se han alejado de ella y se han apartado tomando actitudes de indiferencia, apatía, falta de formación y compromiso. Esta separación constituye para mí un interés y gran preocupación en el tiempo presente, en el cual estamos viviendo. La humanidad vive un momento de cambios y contrastes, es un proceso en el que participan muchos hombres y mujeres que piensan y viven “como si Dios no existiera”; nos encontramos ante una mentalidad a menudo profunda y basta, y actitudes y comportamientos cuya fe se debilita, por lo que pierde su esencia.

Nos estamos desarrollando en una cultura en la cual cada uno quiere ser “su propio Dios”. El proceso de secularización tiende a reducir la fe en lo privado e íntimo, provocando una desorientación generalizada, por consiguiente, se vuelve necesaria una educación en la fe que enseñe a pensar críticamente y que ofrezca un camino en el desarrollo de las virtudes que permita vivir la fe. Por ello, es urgente que los hombres de hoy descubran la novedad de su fe. ¿Has pensado atentamente cómo vives? No seas un improvisado que se deja llevar por cualquier corriente, porque los días tienen sus bemoles para enfrentar la vida, la cual incluye descensos y complicaciones.

La fe tiene un contenido y exige un compromiso coherente de vida. Si decimos que tenemos fe en Dios no solo de ser ante Él, sino también ante los hombres, pues se debe demostrar y dar razón de ella. La relación entre la fe y vida resplandece con toda intensidad, por ejemplo, en el respeto incondicional e ineludible de la dignidad de cada persona, así como en el respeto a las normas morales universales que están al servicio de la persona y la sociedad, sobre todo en situaciones conflictivas de la vida del hombre y de la sociedad actual.

En realidad, la verdadera cercanía entre la fe y la vida no es fácil pues exige amor a la persona, buscar su bien y, de ser posible, su libertad auténtica. Esto no se logra proponiendo resultados, sino actuando con exquisito significado de lo que somos, por ello, hemos de ir acompañados siempre con paciencia y bondad, dando ejemplo del trato con todos los hombres que nos cruzamos en el camino. En efecto, así se podrá garantizar una justa y pacífica convivencia humana, además ded respetar los derechos y deberes de todos.

Debo reconocer que la fe es personal, es una respuesta libre a la iniciativa de Dios, la cual se ha trasmitido de generación en generación, de forma oral y escrita. Cuando somos coherentes entre los principios y la vida ordinaria manifestamos que tenemos fe, algunas veces, sin decirlo. Se vive cada día, en cada instante y circunstancia de la vida.

Lamentablemente, cuando los hombres y mujeres abandonan públicamente su religión y por ende su fe, rompen con la orden de la institución a la cual pertenecen para apartarse de los principios más elementales que la rigen. Además, cuando lo hacen de manera consciente y voluntaria, prefieren renunciar, abandonar a la vista de todos y en público su fe. Se puede decir que se encuentran en un estado de apostasía, ¡se retractan de su fe!

Finalmente, adhiérete, orienta y reorienta tu vida a la fe de tus padres. Solo responde a esta cuestión particular, reconociendo la omnipotencia de Dios.

En la actualidad existen hombres y mujeres que aun teniendo fe, por ignorancia se han alejado de ella y se han apartado tomando actitudes de indiferencia, apatía, falta de formación y compromiso. Esta separación constituye para mí un interés y gran preocupación en el tiempo presente, en el cual estamos viviendo. La humanidad vive un momento de cambios y contrastes, es un proceso en el que participan muchos hombres y mujeres que piensan y viven “como si Dios no existiera”; nos encontramos ante una mentalidad a menudo profunda y basta, y actitudes y comportamientos cuya fe se debilita, por lo que pierde su esencia.

Nos estamos desarrollando en una cultura en la cual cada uno quiere ser “su propio Dios”. El proceso de secularización tiende a reducir la fe en lo privado e íntimo, provocando una desorientación generalizada, por consiguiente, se vuelve necesaria una educación en la fe que enseñe a pensar críticamente y que ofrezca un camino en el desarrollo de las virtudes que permita vivir la fe. Por ello, es urgente que los hombres de hoy descubran la novedad de su fe. ¿Has pensado atentamente cómo vives? No seas un improvisado que se deja llevar por cualquier corriente, porque los días tienen sus bemoles para enfrentar la vida, la cual incluye descensos y complicaciones.

La fe tiene un contenido y exige un compromiso coherente de vida. Si decimos que tenemos fe en Dios no solo de ser ante Él, sino también ante los hombres, pues se debe demostrar y dar razón de ella. La relación entre la fe y vida resplandece con toda intensidad, por ejemplo, en el respeto incondicional e ineludible de la dignidad de cada persona, así como en el respeto a las normas morales universales que están al servicio de la persona y la sociedad, sobre todo en situaciones conflictivas de la vida del hombre y de la sociedad actual.

En realidad, la verdadera cercanía entre la fe y la vida no es fácil pues exige amor a la persona, buscar su bien y, de ser posible, su libertad auténtica. Esto no se logra proponiendo resultados, sino actuando con exquisito significado de lo que somos, por ello, hemos de ir acompañados siempre con paciencia y bondad, dando ejemplo del trato con todos los hombres que nos cruzamos en el camino. En efecto, así se podrá garantizar una justa y pacífica convivencia humana, además ded respetar los derechos y deberes de todos.

Debo reconocer que la fe es personal, es una respuesta libre a la iniciativa de Dios, la cual se ha trasmitido de generación en generación, de forma oral y escrita. Cuando somos coherentes entre los principios y la vida ordinaria manifestamos que tenemos fe, algunas veces, sin decirlo. Se vive cada día, en cada instante y circunstancia de la vida.

Lamentablemente, cuando los hombres y mujeres abandonan públicamente su religión y por ende su fe, rompen con la orden de la institución a la cual pertenecen para apartarse de los principios más elementales que la rigen. Además, cuando lo hacen de manera consciente y voluntaria, prefieren renunciar, abandonar a la vista de todos y en público su fe. Se puede decir que se encuentran en un estado de apostasía, ¡se retractan de su fe!

Finalmente, adhiérete, orienta y reorienta tu vida a la fe de tus padres. Solo responde a esta cuestión particular, reconociendo la omnipotencia de Dios.

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