/ lunes 29 de abril de 2024

¿Invisibles?

Pareciera que desde siempre mamás y abuelas se han repartido los cuidados de la población infantil de sus familias. Bueno, eso de repartirse es un decir. Históricamente les han sido endilgados. Las mujeres hemos sido educadas para amar, atender y procurar con esmero la sobrevivencia de niñas y niños.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) las personas que cuidan a las infancias en México son las mamás. En el 87 por ciento de los casos son las cuidadoras principales, seguidas por las abuelas.

Son las mamás quienes realizan actividades encaminadas a “atender, asistir y vigilar a quienes integran su hogar con el propósito de buscar su bienestar y satisfacer sus necesidades básicas” (INEGI, 2022).

La Encuesta Nacional del Sistema de Cuidados (ENASIC) dio a conocer que en México hay 36.3 millones de personas menores de edad. Más de diez millones tienen menos de seis años de edad; solo el 74 por ciento recibió educación preescolar y el 99 por ciento está yendo a la primaria.

Obviamente, quienes se encargan de llevar y traer a niñas y niños a la escuela son las mamás y las abuelas. Pocos son los hombres que toman esta responsabilidad: de acuerdo con la Encuesta, aquellos que figuran como cuidadores principales, en promedio, dedican 30.6 horas a la semana al cuidado de sus hijos e hijas; en contraste con las cuidadoras principales, quienes dedican 38.9 horas a la labor de cuidados.

¿De qué manera impacta a las infancias el tiempo que les dedican hombres y mujeres de su entorno afectivo, así como la calidad de las actividades que se realizan en esos instantes de cercanía? Hace poco más de medio siglo, se hizo popular una canción cuya letra decía “el tiempo que te quede libre si te es posible, dedícalo a mi… no importa que sean dos minutos, o si es sólo uno, yo seré feliz”. La dedicación al cuidado de niñas y niños marca de manera indeleble la forma que ven al mundo y las emociones que les provoca esta mirada.

Se educa en presencia, pero en ausencia también. Si la mirada infantil observa que la convivencia y cuidados cotidianos son otorgados por las mujeres de su entorno afectivo y familiar, entenderán que el amor y la atención de sus padres es algo lejano o escaso porque los hombres no aman ni cuidan.

Esto se va entendiendo como un hecho natural e incuestionable. Así, observamos a niñas y niños que crecen naturalizando los papeles que históricamente les son asignados a hombres y mujeres, básicamente porque observan a las personas adultas reproducir estos esquemas.

Esta semana se conmemoran dos fechas importantes en el ámbito nacional: el día de la niña y el niño, este martes 30 de abril, así como el día del trabajo, el miércoles 1 de mayo. Vale la pena que observemos que sin trabajo de cuidados, llevado a cabo regularmente por las madres de familia, no hay niñez y no hay futuro.

*Coordinadora del Observatorio Universitario de Violencias contra las Mujeres. Universidad Veracruzana

Pareciera que desde siempre mamás y abuelas se han repartido los cuidados de la población infantil de sus familias. Bueno, eso de repartirse es un decir. Históricamente les han sido endilgados. Las mujeres hemos sido educadas para amar, atender y procurar con esmero la sobrevivencia de niñas y niños.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) las personas que cuidan a las infancias en México son las mamás. En el 87 por ciento de los casos son las cuidadoras principales, seguidas por las abuelas.

Son las mamás quienes realizan actividades encaminadas a “atender, asistir y vigilar a quienes integran su hogar con el propósito de buscar su bienestar y satisfacer sus necesidades básicas” (INEGI, 2022).

La Encuesta Nacional del Sistema de Cuidados (ENASIC) dio a conocer que en México hay 36.3 millones de personas menores de edad. Más de diez millones tienen menos de seis años de edad; solo el 74 por ciento recibió educación preescolar y el 99 por ciento está yendo a la primaria.

Obviamente, quienes se encargan de llevar y traer a niñas y niños a la escuela son las mamás y las abuelas. Pocos son los hombres que toman esta responsabilidad: de acuerdo con la Encuesta, aquellos que figuran como cuidadores principales, en promedio, dedican 30.6 horas a la semana al cuidado de sus hijos e hijas; en contraste con las cuidadoras principales, quienes dedican 38.9 horas a la labor de cuidados.

¿De qué manera impacta a las infancias el tiempo que les dedican hombres y mujeres de su entorno afectivo, así como la calidad de las actividades que se realizan en esos instantes de cercanía? Hace poco más de medio siglo, se hizo popular una canción cuya letra decía “el tiempo que te quede libre si te es posible, dedícalo a mi… no importa que sean dos minutos, o si es sólo uno, yo seré feliz”. La dedicación al cuidado de niñas y niños marca de manera indeleble la forma que ven al mundo y las emociones que les provoca esta mirada.

Se educa en presencia, pero en ausencia también. Si la mirada infantil observa que la convivencia y cuidados cotidianos son otorgados por las mujeres de su entorno afectivo y familiar, entenderán que el amor y la atención de sus padres es algo lejano o escaso porque los hombres no aman ni cuidan.

Esto se va entendiendo como un hecho natural e incuestionable. Así, observamos a niñas y niños que crecen naturalizando los papeles que históricamente les son asignados a hombres y mujeres, básicamente porque observan a las personas adultas reproducir estos esquemas.

Esta semana se conmemoran dos fechas importantes en el ámbito nacional: el día de la niña y el niño, este martes 30 de abril, así como el día del trabajo, el miércoles 1 de mayo. Vale la pena que observemos que sin trabajo de cuidados, llevado a cabo regularmente por las madres de familia, no hay niñez y no hay futuro.

*Coordinadora del Observatorio Universitario de Violencias contra las Mujeres. Universidad Veracruzana